Nadie mira hacia adelante mirando hacia atrás

Si usted desea alcanzar el éxito, pero insiste en mirar hacia el pasado, lamentándose por lo que no salió bien, pensando en lo que perdió o culpándose por algo, ¿sabe cuándo va a lograr lo que quiere? ¡Nunca! Porque mirar hacia atrás paraliza. Mirar hacia atrás es la receta perfecta para generar dudas y miedo respecto al futuro. ¿Qué tipo de pensamiento le viene a la cabeza cuando piensa en lo que perdió= Sea honesto. ¿Son pensamientos positivos? Lo dudo. Pensar en lo que perdió no sirve de nada.

El pasado solo sirve para que veamos lo que funcionó y lo que no funcionó, para hacer un balance, aprender la lección y seguir avanzando sin mirar hacia atrás. De lo que no funcionó, usted aprende a no hacerlo más, y de lo que funcionó, aprende a repetirlo (siempre que haya sido algo correcto y dentro de la ley). Pero alimentar la nostalgia, la tristeza, los recuerdos y los remordimientos es desperdiciar una energía que podría ser mejor empleada.

La inteligencia espiritual mira hacia adelante. Hace que usted proyecte sus pensamientos hacia el futuro. Es la certeza de lo que se espera. Es la convicción de hechos que no se ven. ¿Puede ver algún pasado en eso? Jesús tenía hambre y vio una higuera que no tenía frutos. Inmediatamente determinó que ya no nacería nada de ella (Mateo 21:18-22) y siguió su camino. Él no se quedó pensando: “caramba, no había ningún fruto en la higuera. Yo tenía hambre… ¿por qué no apareció ningún fruto? ¿Habré hecho lo correcto? ¿Debería haber actuado de otra manera?”. ¿Se da cuenta? Empezar a rumiar el pasado conduce inevitablemente a dudas e inseguridad. Es un veneno para el poder transformador.

No importa lo que sucedió en el pasado, si usted estudió o no, si perdió o ganó, si nació en cuna de oro o en una casa precaria. Tampoco importa lo que está pasando hoy, si la situación es mala o si ya no puede ser peor. No son los fracasos los que determinan su futuro. El fracaso puede incluso retrasarlo un poco, pero eso no significa su derrota. Muchos fracasaron antes de alcanzar el éxito. El fracaso es una situación temporal. Solo las actitudes que decida tener hoy pueden cambiar todo el panorama de su vida.

Si hace lo correcto, cosechará lo grande. Si hace cosas incorrectas, compromete su futuro. En ese exacto momento, su futuro todavía no existe, está por ser construido. No existe un destino trazado. Dios no revela lo que va a pasar. Existen millones de posibilidades, cada una de ellas es capaz de crear una realidad distinta en el futuro y es usted quien elige cuál de esas realidades existirá.

Por eso, hoy usted puede decirme que está en la peor situación del mundo, me puede decir que no tiene paz, que no tiene alegría o que no tiene éxito, pero incluso así, su futuro está intacto. Si toma las actitudes correctas, su situación cambiará.

Saber que su futuro no está predeterminado le da otra perspectiva. La fe es el canal de comunicación que conecta sus pensamientos a los pensamientos de Dios. Así, no hay desesperación por la posibilidad de una futuro incierto. Usted no necesita preocuparse por su futuro o por el día de mañana. Basta mantener esa conexión activa y tendrá la dirección correcta a seguir- Cuando actúa movido por la certeza, hasta lo que iba a resultar mal, resulta bien.

Es muy cómodo aferrarse a lo que ocurrió en el pasado para justificar sus fracasos. Muchos culpan a sus padres, a sus abuelos, a sus antiguos empleadores, a la falta de oportunidades, a sus traumas e incluso al color de su piel. Pero es tiempo de asumir la responsabilidad de sus elecciones y empezar a definir su futuro a través de actitudes en el presente.

Me gusta una historia que ilustra bien esta situación: Un niño de piel oscura esperaba a su madre sentado frente a la puerta del colegio. Mientras esperaba, vio a un vendedor de globos en la plaza de enfrente. En su carrito había un montón de globos de varios colores diferentes. Para atraer la atención de los niños, de vez en cuando soltaba un globo. El niño lo vio soltar un globo rojo. El globo subió y fue llevado por el viento. Un tiempo después, hizo lo mismo con un globo amarillo. El globo amarillo también subió y fue llevado por el viento. Entonces, el niño cruzó la calle y, preocupado, le preguntó al vendedor:

  • Señor, ¿el globo negro no sube?

Sin decir nada, el vendedor soltó el globo negro, como antes había hecho con los otros, y lo vio subir. Entonces, respondió:

  • Niño, pon atención. Lo que hace el globo suba no es el color, sino lo que tiene dentro.

En realidad, no importa su condición actual ni su pasado. No importa su origen, su color, su nivel de estudios, su condición económica, si ha tenido o no oportunidades o cuál es su apariencia. No importa lo que piensan de usted. Lo que hace la diferencia no es su situación actual o pasada, sino su espíritu. Esa disposición de mirar hacia delante y proyecta su futuro, con la certeza de que todo va a salir bien. Eso es lo que lo hará subir, lo que está adentro de usted.

By | 2018-06-06T11:32:52+00:00 junio 1st, 2018|Sin categoría|0 Comments

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