El poder de darse

Como ya hablamos en un artículo anterior, la lección que Oprah Winfrey aprendió con Maya Angelou: “Cuando aprendas, enseña. Cuando tengas, da“. Ese es uno de los mayores secretos de las personas exitosas. Nuestro mundo actual es extremadamente competitivo. No solo en los negocios, sino en las relaciones y en todas partes. Nadie quiere ayudar a alguien sin recibir algo a cambio. Muchos no son capaces de un gesto de gentileza o de hacer algo por alguien que no puede retribuirlo. Existe una impresión generalizada de que si usted le da algo a alguien, estará perdiendo. Entonces, las personas son incentivadas a retener. Retienen conocimiento, retienen dinero, retienen su tiempo, su atención… y cuando dan, inmediatamente le exigen algo a aquel que recibió.

Sin embargo, no existe éxito sin darse y sin sacrificar. recuerdo la historia de un grupo de cuatro amigos. Todos querían aprobar un examen de ingreso a la universidad con muchos postulantes. Todos los fines de semana, tres de ellos salían por la noche a divertirse y pasaban por la casa del cuarto amigo para invitarlo. Él agradecía, pero decía que no podía salir ya que tenía que estudiar para el examen. Como todavía estaban en el comienzo del año, lejos del periodo de exámenes, a los amigos les causaba gracia, lo llamaban bobo y nerd y salían a “divertirse”. Todos los fines de semana se repetía la escena hasta que, al aproximarse el examen, los amigos decidieron estudiar.

Cuando, finalmente, hicieron el examen, solo el cuarto amigo aprobó y entró en la tan soñada universidad. Y, con el dinero que había ahorrado por no salir todos los fines de semana, pudo comprarse su primer automóvil. Se sacrificó todo el año. Sacrificó su vida social, sacrificó su diversión, sacrificó horas de sueño, sacrificó incluso su reputación entre sus amigos. Sin embargo, más adelante, cosechó los frutos de su sacrificio.

Actuar de acuerdo con los deseos inmediatos es la receta para el fracaso. Nuestros deseos e impulsos no son buenos consejeros, ya que son alimentados por las emociones. Es por eso que la base de las enseñanzas de Jesús es el sacrificio. Y cuando él dice “si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34), está hablando de sacrificar sus deseos y su propia vida para seguirlo.

Sacrificar nuestra voluntad por la voluntad de Él no es, de ninguna manera, limitarse o aceptar las derrotas. Quien piensa así, no conoce a Dios. Al contrario sacrificar nuestra voluntad por la voluntad de Dios es lo que nos permite abrir nuestra visión y salir de nuestra cajita, de nuestra zona de comodidad.

Quien se sacrifica es libre, ya que deja de ser esclavo de sus propios deseos, de su voluntad y de sus miedos. Quien se sacrifica es desapegado, no está preso a nada. Si usted es prisionero de lo que tiene, lo que tiene se convertirá en su punto débil. Cualquier persona que toque sus pertenencias, lo estará tocando a usted, en el corazón. Y si pierde aquello a lo que está preso, usted también se perderá.

Es por eso que algunos empresarios, cuando pierden todo se suicidan y matan a su familia. Por ser prisioneros de sus pertenencias, de sus bienes, de su éxito, de su estatus, perdieron la noción del valor de sus propias vidas y de sus relaciones. Desperdiciaron lo más preciado que tenían a causa de algo sin valor. Porque, seamos honestos, cualquier tesoro de este mundo no tiene valor frente a la preciosidad del alma humana. Si usted está vivo y pierde dinero, podrá recuperar mucho más que lo que perdió. Pero ¿si pierde la vida? ¿Cómo recuperar lo que perdió?

Mientras la persona está apegada a lo que tiene, a su familia, a sus amigos, a su modo de ser, a sus hábitos, Dios no puede hacer nada en su vida. Donde está su corazón, está su tesoro. O sea, quien toca su tesoro, toca su corazón, su vida. Eso es muy peligroso. Si su tesoro es algo de este mundo, es como si usted tuviera su corazón del lado de afuera, expuesto, sin nada para protegerlo. El corazón del discípulo de Jesús que se negó a sí mismo para seguirlo estaba en Él. Nadie jamás podría destruir el espíritu de ese discípulo. Ninguna pérdida podría destruir su vida, porque su corazón no estaba en este mundo.

El problema no es ganar dinero, el problema es ama al dinero, estar apegado al dinero. Esa es la raíz de todo mal. El problema no es tener cosas, el problema es estar apegado a lo que se tiene. La vida de las persona exitosas no gira alrededor del dinero. Quien hace eso, sea pobre o rico, es infeliz.

¿Ya oyó decir que el dinero es un excelente siervo, pero un pésimo señor?cuando se le da más importancia de la que tiene, al grado de perder su salud, su alegría y sus ganas de vivir por su causa, usted se vuelve miserable. Y la miseria interior es el peor tipo de miseria que existe. Cuando se es rico por dentro, no hay ninguna dificultad en mantenerse rico por fuera. Pero cuando su interior es vacío y miserable, siempre habrá un vacío que lo mantendrá ansioso y angustiado y que nunca logrará llenar. Usted trabajará sin descanso, nunca estará satisfecho por más conquistas que obtenga. Comenzará a perjudicar a los demás, a pasar por arriba de los otros, a hundirse cada vez más en busca de una riqueza que, después de partir, no podrá llevarse con usted.

Abra los ojos. Sacrificar no es perder. Sacrificio no es penitencia. Sacrificar es quitar su corazón de las cosas que tiene. Quitar su ego del centro del universo. Así, usted no tendrá la menos dificultad para disponer de su tiempo, de su dinero, de su esfuerzo y de su inteligencia para ayudar a los demás, ya que podrá ver el mundo de la forma correcta. Darse es el gran secreto del éxito.

No conozco a nadie que haya alcanzado la excelencia en algo sin sacrificarse. Un empleado que solamente hace lo que le ordenan y se pasa la tarde mirando el reloj esperando la hora de salida difícilmente será alguien en esta vida. El empleado que se destaca es el que siempre está buscando algo para hacer y la oportunidad de dar.

Destaca el que se anticipa a los problemas, ya pensando en la solución, en vez de simplemente quejarse. El patrón sabe que puede contar con él. En poco tiempo, gana la confianza de sus superiores. No necesita que alguien le diga qué hacer, ya que está comprometido con el trabajo. Siempre está listo para servir, para darse. Es el empleado al que ascienden antes que a los demás, el que tiene una idea para su propio negocio, el que nunca va a estar sin tener nada que hacer, el que nunca va a depender de nadie.

Los mejores líderes también sacrifican. Los empleados saben que pueden contar con el líder que sacrifica y vive para servir. Todo lo que se pone en sus manos prospera, pues él se dedica y persevera. Solo quien sacrifica no desiste, pues no se limita.

No estoy hablando aquí de ser esclavo del trabajo. Sacrificio no es penitencia. Estoy hablando del sacrificio inteligente, que no ve imposibilidades. Estoy hablando de darse por el placer de ayudar, por el placer de hacer lo correcto. Estoy hablando de renunciar a una cosa por otra cosa mayor. Cuando la persona se sacrifica, abre puertas.

El problema es que en países con desigualdad social, como Brasil, tenemos la idea errónea de que “servir”, “dar” y “sacrificarse” son sinónimos de ser explotado y pisado como un tapete. Fuimos criados pensando que servir nos vuelve tontos y eso no es verdad. Si usted se da con inteligencia, es decir, de forma consciente, sin dejarse llevar por sentimentalismos, no permitirá que lo exploten.

Usted se da porque es lo correcto y no porque siente lástima de los demás. Aunque sienta pena del empelado perezoso, por ejemplo, no va a pasar por alto su irresponsabilidad, manteniéndolo en la empresa, generándole un perjuicio. Usted razona. Es generoso al dar todas las oportunidades a esa persona para que cambie su comportamiento, pero si eso no pasa, no le impedirá que enfrente las consecuencias de sus actos en Recursos Humanos.

En el mundo en que vivimos hoy, el bueno es visto como tonto. Las personas tienen la impresión de que solo crece quien toma de los demás. Sin embargo, la realidad no es tan simple. Vea lo que Adam Grant, autor del libro “Dar y recibir”, escribió: “Las investigaciones demuestran que quienes dan se quedan en la base de la escala del éxito. En una amplia variedad de destacadas profesiones, quienes se dan están en desventaja: mejoran la vida de los demás, pero sacrifican su propio éxito“.

En ese caso, entonces, ¿el mundo tiene razón? ¿A los que se dan realmente les va tan mal? ¿Lo correcto, entonces, sería pensar en uno mismo y los otros que se arreglen solos? ¡De ninguna manera! Extrañamente, el mismo autor analizó investigaciones respecto a la parte superior de la escala del éxito y descubrió que los profesionales que alcanzan altos niveles de excelencia ¡también son los que se dan! Los tomadores(los que solo quieren recibir) y lo compensadores (lo que solo dan si reciben algo a cambio) se sitúan en el medio, la parte superior de la escala del éxito está reservada para los dan más de lo que reciben.

Entonces, debe haber alguna diferencia entre forma de encarar el darse entre que están en la base de esa escala y los que están en la parte superior. Realmente, existe diferencia. Los “dadores tapetes” son los altruistas que tienen pena de los demás y dejan de crecer para trabajar por el crecimiento ajeno, incluso de los peores explotadores.

El diccionario define “altruismo” como “diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio“. Eso, en realidad, no es malo. Al contrario, los altruistas son personas que dan más y que, en consecuencia, se vuelven mucho más felices y existosas. Pero existen dos formas de altruismo: una es la equilibrada, la que los estudiosos llaman “altruismo seguro”. La otra es desequilibrada, llamada “altruismo de riesgo”.

En un artículo que lleva por título “Risk altruism as a predictor of criminal victimization” (Altruismo de riego como predictor  de victimización criminal), los investigadores analizaron la relación entre la posibilidad de haber sido victima de fraudes, estafas y otros crímenes y el tipo de altruismo que la persona presentaba. El resultado mostró que los altruistas de riesgo eran tres veces más propensos a ser víctimas que los altruistas seguros.

En otras palabras, mientras más decisiones toma por pena hacia los demás, sin pensar en los perjuicios que esas decisiones pueden causarle, más fácil de engañar se vuelve usted. Presa fácil de malintencionados y explotadores. Los altruistas de riesgo son los que tienen un corazón gigante y siempre cometen los mismo errores porque no saben protegerse.

Pero lo que más llama la atención en ese estudio es una parte del artículo que dice: “altruismo de riesgo y altruismo seguro mostraron diferentes modelos de relaciones, con variables de personalidad. El altruismo de riesgo está menos relacionado a la personalidad pro social, a la amabilidad y a la consciencia y más relacionado a la extroversión y a la búsqueda de sensaciones

O sea, al contrario de lo que pensaba, la razón de que usted no sepa decir “no” está más vinculada a una búsqueda de sensaciones que a un deseo genuino de ser amable con los demás. Analice la raíz de su dificultad para decir no. Puede ser que esté más vinculada a su intereses personales que a los intereses de los demás. Tal vez sea fruto de la inseguridad: usted quiere complacer a los otros para obtener aprobación o para sentirse mejor. Si usted quiere sentirse mejor, quiere sentirse importante, quiere sentirse valorado, quiere sentirse amado; en el fondo, su motivación está en usted, en la búsqueda de sensaciones.

También puede ser que esté buscando la sensación de serle útil a alguien. Que esté tratando de sentirse realizado por ayudar, Por eso, en el trabajo usted toma decisiones basadas en las emociones y le va mal. Renunciar a parte de su comisión o a una ganancia extra para dar un descuento mayor al cliente, por ejemplo, puede ser una decisión estratégica en cierto momentos, cuando un perjuicio puede revertirse en un beneficiosa lo largo plazo, pero es el tipo de decisión que usted debe tomar usando el sentido común, caso por caso, y nunca puede ser la forma habitual de tratar sus ventas, ya que de lo contrario terminará pagando para trabajar. Por supuesto que no debe querer explotar al cliente o dejar de darle un descuento que puede concederle, pero, así como usted tiene que cobrar lo que es justo, también necesita recibir con justicia.

¿Cuál es el antídoto? Si trata de desarrollar la confianza en sí mismo, tendrá la fuerza para decir no y aprenderá a dar de manera consciente, racional y eficaz. Usted no ayuda a su cliente cuando permite que él lo explote. Por el contrario, lo hace cometer una injusticia. No se sienta víctima de una injusticia si usted mismo fuerza a su cliente a se injusto. Proteja a quienes trabajan son usted tratando de ser justo, tanto con relación a cuánto cobra como a cuánto acepta recibir.

Sin embargo, todo cuidado es poco para no caer en el otro extremo. Si realmente quiere alcanzar el éxito, debe aprender a dar. Es imposible alcanzar un éxito permanente y amplio sin darse. Vamos a hablar un poco más de esto en el próximo artículo.

By | 2018-08-13T09:00:47+00:00 agosto 6th, 2018|Sin categoría|0 Comments

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