El éxito es ilimitado

Dios es ilimitado y todo lo que Él creó no tiene límites. El cielo no tiene límite. El océano no tiene límite. El ser humano tampoco tiene límite. Y las bendiciones de Dios no tienen medida, es decir, son ilimitadas.

No hay límites para quien tiene una alianza con un Dios ilimitado. Sin embargo, todas las semanas atiendo a personas para las que eso no ha sido verdad. Tal vez usted se identifique con la situación de ellas. Parece que todos los meses su vida es la misma, nunca cambia nada. Una desesperación para pagar los gastos, cualquier pedido al proveedor es siempre de la misma cantidad. Parece que usted trabaja solo para mantenerse, solo para pagar deudas.

Ya debería haber avanzado y hasta hoy no avanzó. Parece que nunca avanza, parece que alguien trazó una línea y definió: “¡de aquí usted no pasa!”. Usted incluso se esfuerza, pero no logra superar la barrera invisible que se levantó.

El único que puede romper ese límite es usted, a través de la fe. Y el día que ponga ese poder en acción y rompa ese límite, su vida dejará de ser pequeña.

No será fácil, pero las dificultades deben ser combustibles para su fe. Las palabras negativas que encuentra deben ser su fuerza. Las palabras que vienen para derribarlo, tienen que levantarlo todavía más.

Pero, ¿cómo usar las palabras negativas como su fuerza? Imagínese que necesita hacer algo para probarse a sí mismo que las palabras negativas que escucha están equivocadas. Es importante saber que no siempre provienen de personas que no lo quieren. De hecho, la mayoría de las veces provienen de aquellos que dicen ser sus amigos. Vienen disfrazadas de “consejos”.

La persona que asume una mayor responsabilidad en la empresa o decide abrir su propio negocio puede oír de amigos y compañeros de trabajo más experimentados, en tono de solidaridad, cosas como: “Uy, eso va a ser muy difícil para ti”; “no sé cómo estás aguantando”; “no me gustaría estar en tu lugar”; “va a ser difícil lograr eso”; “deberías descansar, vas a terminar enfermándote”; “eso es mucha responsabilidad para ti”. Ese tipo de palabras alimenta la inseguridad de quien aceptó un desafío. “Es verdad, no soy capaz de hacer ese trabajo” – puede pasar por su mente. Esa forma de pensar le impide encontrar una solución al problema. Las palabras negativas en su mente hacen que todo parezca más pesado y más difícil.

Si quiere que resulte bien, no puede creer que está en una mala posición o que va a ser difícil. Enfrente el desafío y cada vez que alguien diga algo de ese tipo, responda: “no te preocupes, voy hacer que funcione, y siga adelante. SI Dios le ha confiado un nuevo reto, decida también confiar. Hacer que resulte es una cuestión de honor.

No permita que alguien le diga hasta dónde puede llegar. Si me dan una nueva responsabilidad, no me permito pensar que no lo lograré. Si alguien puede hacerlo, yo también puedo. Si nadie pudo hacerlo hasta ahora, puedo ser un pionero. No dejo que nadie me engañe. Dentro de mí, sé que no tengo límites.

Yo no tengo límites. Usted no tiene límites. El ser humano es ilimitado. Pero, entonces ¿por qué la vida de muchos no avanza? ¿O dan un paso hacia adelante y dos hacia atrás? ¿Cómo explicar tanta limitación en una persona con potencial ilimitado?

Muchas personas se permiten ser limitadas por lo que dicen los demás o por la situación y terminan ellas mismas creando las condiciones para que esa limitación se haga realidad. Ella no terminó la universidad, entonces no cree que pueda tener su propio negocio. Parece ser una limitación legítima, pero conozco personas que ni siquiera terminaron la secundaria y tienen entre sus empleados graduados y posgraduados universitarios. ¿Cómo puede ser imposible si alguien ya lo hizo?

Si es una persona dispuesta a superarse, nadie puede detenerlo. Eso es tan fuerte y tan poderoso que, si movido por ese espíritu de superación, usted determina que algo será suyo, puede ser que pase algún tiempo, pero dentro de poco realmente lo será.

Si tiene mucha fe, ni siquiera una limitación física puede restringir su potencial. Usted no es un cuerpo, tiene un espíritu y esa es su verdadera identidad. Y si su cuerpo no colabora, su espíritu hará lo que su cuerpo no puede hacer. Si la situación es desfavorable, su espíritu puede hacer que se vuelva favorable. Su cuerpo puede ser limitado, pero su espíritu es ilimitado. Y ese espíritu ilimitado conduce a logros sorprendentes. Inevitablemente, esa manera de ver la vida nos guía hacia una trayectoria de éxito.

Claro que una situación límite o lleva a la persona a superarse y fortalecer su fe o la lleva a desanimarse y perder la fuerza. La elección es personal. Usted es quien decide cuál será el resultado. Es posible que usted no tenga control de la situación, pero tiene el control de su reacción y es su reacción la que determinará si saldrá de la lucha como derrotado o como victorioso. Cambie su forma de enfrentar los problemas y su vida cambiará.

No se preocupe por “cómo” las cosas van a suceder. No sé cómo se forman los huesos en el vientre de la madre, pero sé que se forman. No sé cómo va a cambiar su vida, pero sé que cambiará. Y si tiene esa fe, esa certeza, tendrá éxito, no importa qué limitación le atribuya la gente. Si no asume las limitaciones que le imponen los demás, ellos no tendrán poder sobre usted.

Si usted conoce la fuente de su fuerza, sabe que no hay límites. No permita que nadie le fije límites. solo se convierte en un vencedor quien está dispuesto a romper los límites. Su fuera no depende de la situación que está atravesando, sino de su reacción ante las situaciones. Si le dice a una persona débil que no lo logrará, se desanimará automáticamente. Pero si le dice a una persona fuerte que no lo logrará, esa palabra negativa es como un combustible que la hará acelerar. Usted no la desanima. Al contrario, solo por escuchar “usted no puede” sentirá un fuego interior que le dirá: “¡Sí, yo puedo! ¡Puedo hacerlo! ¡Voy a hacerlo! ¡Todos lo verán!”. Este fuego consume el miedo, consume la duda, consume la inseguridad y el desaliento. Eso es una persona fuerte.

El rey David nunca aceptó que le impusieran límites. Su predecesor, Saúl, le dijo que para casarse con su hija, tendría que traer 100 prepucios de los crueles filisteos, enemigos de Israel. Al escuchar que ese era el precio, ¡David se alegró! Y fue rumbo al territorio enemigo tan motivado que, en lugar de herir a 100 filisteos, le trajo al rey los prepucios de 200. No solo logró lo imposible, sino que logró el doble, motivado por el desafío. Motivado por lo imposible.

David ya había demostrado ese espíritu ilimitado cuando era apenas un niño y había visto a los soldados aterrados por Goliat. ¿Recuerda esa historia? Todos tenían miedo del gigante, pero David se indignó y decidió que lo mataría. Con toda esa motivación ardiendo en su interior, la indignación de ver a ese hombre afrentar al Ejército del Dios Vivo, David casi recibió un balde de agua fría en la cabeza.

El propio rey, Saúl, le dijo al niño que no podría luchar contra el gigante porque no tenía condiciones humanas para vencer en esa batalla. Siempre habrá alguien que le diga lo que puede o no puede hacer, pero le corresponde a usted aceptar o no esa limitación. David no lo aceptó. Él conocía la Fuente de su fuerza. Sabía que cualquier afrenta contra el pueblo de Dios era una afrenta contra el propio Dios. Por eso, sabía que si enfrentaba la batalla no estaría solo. Dios lucharía a su lado. ¿Acaso hay alguien más preparado que Dios?

Saúl dijo que no podía ir. Pero, en lugar de desanimarse, David multiplicó sus fuerzas, defendió su posición y fue a la batalla .Y, con seguridad, cuanto más dudaban de él, más se fortalecía. Venció al gigante e hizo historia.

Años más tarde, cuando asumió el reinado, intentó entrar en una ciudad llamada Jebús. Los habitantes le dijeron: “¡No entrarás acá!”. David entró, tomó la ciudad y encima puso allá su nombre. Hasta hoy se la conoce como la Ciudad de David. David nunca aceptó ser una persona limitada. Nunca aceptó el “no puedo”.¿Cómo alguien puede detener a una personas así?

Tal vez por eso quedó registrado en la Biblia como “un hombre conforme al corazón de Dios”. Usted puede estudiar la Biblia de la primera a la última página y nunca encontrará a Dios aceptando una limitación en alguien. Sus palabras para quien estaba junto a Él siempre han sido de ánimo, de fuerza, de calor: “sé fuerte y caliente”; “yo estoy contigo”; “no te espantes”; “no temas; cree, solamente”; “al que cree todo le es posible”.

Las palabras negativas, que desaniman, no tienen nada que ver con Dios. Pueden parecer consejos de precaución, puede tener incluso un nombre bonito. Si intentan sembrar en usted la duda o el miedo, ignórelas. Si lo que está haciendo no está mal, si está actuando de forma ética, si está confiando en Dios y trabajando con todas sus fuerzas, no tiene por qué salir mal.

En toda la Biblia se habla de lo imposible, de la eternidad, de lo inimaginable. En una de sus cartas, Pablo le dice a sus destinatarios: “No estáis limitados por nosotros, sino que estáis limitados en vuestros sentimientos” (2 Corintios 6:12). Ese es el punto clave. Nuestros sentimientos nos limitan. Nuestro apego a la imagen que siempre hemos tenido de nosotros. Nuestro miedo a cambiar. La inseguridad de dar un paso sin la garantía tangible de que saldrá bien.

Si su motivación viene de su corazón, usted está perdido. Él es el limitador más grande que existe. Sin embargo, si su motivación viene de su fe, usted estará conectado con el Mayor superador de límites que ya existió. Ni siquiera el límite mayor -la muerte- puede vencerlo.

By | 2018-09-03T07:48:35+00:00 septiembre 3rd, 2018|Sin categoría|0 Comments

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