Explicando la importancia de buscar refugio en el Señor. Así comenzó la reunión el pasado domingo 20 de enero, el Obispo Paulo. Porque: “Él es el que nos socorre, nos da paz y vida”, argumentó.

Y es que, en este mundo, en muchas ocasiones, solo encontramos desilusiones, frustraciones y tristezas. Esto provoca que muchas personas sufran una profunda depresión, estén angustiados o ansiosos. Hay personas que perdieron las fuerzas para luchar porque no creen que puedan revertir la situación que están viviendo.

“Pero Dios nunca se olvidó de los suyos, aunque muchos le abandonaron. El Señor está preparado para manifestarse en esas vidas y darles una vida nueva. No importa los errores que hayas cometido, Él está listo para recibirte con los brazos abiertos”, señaló el Obispo.

Mucha gente tiene dificultad de volver a la fe porque piensa que cometió tantos errores que Dios no le va a hacer caso. Están equivocados porque Dios siempre les va a escuchar. ¿Quién es digno? La respuesta es sencilla: nadie, porque todos fallamos. Todos pecamos. Cuando la persona se aleja de la presencia de Dios, sufre, padece, vive un infierno.

No hay que confundirse. Dios no castiga a la persona porque se alejó. Dios es un Dios de amor, de bondad. Él nos ha dado a todos, libre albedrío. Somos libres para seguir el camino que queremos. Si nos volvemos a Él, Él se vuelve a nosotros para darnos vida plena y en abundancia. Tenemos un gran ejemplo: la parábola del hijo pródigo.

Dice la Biblia, que un hombre tenía dos hijos y el menor le dijo “padre dame la parte de los bienes que me pertenecen” (Lucas 15:12).  El padre, triste con la situación, repartió lo que tenía.

Unos días después, el hijo menor se fue lejos y desperdició sus bienes. El dinero se le acabó muy rápido y comenzó a sufrir, a tener hambre… todos esos amigos que tenía se apartaron de él cuando no tuvo dinero.

El hijo menor se quedó solo y pidió trabajo a unas personas que tenían unas tierras. Le mandaron a una Hacienda para cuidar a los cerdos. Para los judíos ese trabajo era el más humillante porque los cerdos eran considerados un animal inmundo. ¿De quién era la culpa? Está claro, del hijo porque él escogió ese camino.

Eso lo vemos ahora. Tenemos un padre rico, Dios es rico, pero muchas personas viven en la miseria. ¿Por qué? Esto ocurre cuando la persona Le vuelve la espalda. El padre no puede hacer nada.

Volviendo a la historia que estábamos narrando: Durante mucho tiempo el hijo sufrió y cuando no lo soportaba más se acordó de su padre: un hombre generoso, bondadoso y lleno de amor. Decidió volver.

Cuando regresaba el padre fue el primero que lo vio llegar. El padre corrió, no esperó a que el hijo hablara y lo abrazó. ¿Por qué? Porque según la tradición, cuando un hijo deshonraba al padre y se iba, si decidía regresar, los vecinos podían apedrearlo. Por eso el padre corrió para protegerlo con su propio cuerpo. Él puso su vida para salvar a su hijo. Y eso mismo fue lo que Jesús hizo en la cruz con todos nosotros. Pagó por nuestros pecados. Este es el amor de Dios.

El hijo dijo “no soy digno de ser llamado tu hijo…” (Lucas 15:19). El padre dijo a sus siervos “sacad el mejor vestido y vestidle” (Lucas 15:22). Declaró de esta manera su perdón a su hijo. Y dijo también “poned un anillo en sus manos y calzado en sus pies” (Lucas 15:22). El anillo era una alianza, un compromiso con su hijo. Las sandalias, solo las usaban los señores. Él lo reintegró a la familia y lo perdonó de todos sus pecados. Mandó hacer una fiesta porque “mi hijo muerto era y ha revivido, se había perdido y es hallado” (Lucas 15:24).

Cuando el hijo mayor llegó a casa y escuchó la música, llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Él le dijo: “tu hermano ha venido”. Se enfadó y no quería entrar en casa. El padre le dijo “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.”. (Lucas 15:31-32)

El hijo mayor tampoco estaba haciendo lo correcto, no tenía un corazón puro, no quería perdonar. Quien no es capaz de perdonar es porque se considera perfecto. Pero todos fallamos. Ambos hijos estaban pecando.

Muchas veces la persona piensa que porque está dentro de la iglesia está en la presencia de Dios y está salvo. No es cierto. Hay mucha gente que está dentro pero no está obedeciendo la Palabra de Dios. Si queremos agradar a Dios de verdad tenemos que obedecer Su palabra de todo corazón, sin cuestionarla.