“Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y Le despertaron, y Le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:37-40)

Cuando el barco de los discípulos amenazaba con hundirse por la tempestad, ellos se desesperaron y pensaron que iban a morir. No se dieron cuenta de que el Señor Jesús estaba en el barco. Las palabras del Señor Jesús son las mismas para quien hoy tiembla de miedo delante de las dificultades, sin darse cuenta de que, si realmente colocó su vida en Sus manos, Él está en el barco, entonces, ¿cómo no tener fe?

No vea el tamaño de las olas ni el ruido del viento. No vea la desesperación de los demás, ni le preste atención a quien intenta colocar duda o miedo. Recuerde Quién está en el barco. Si el Señor Jesús realmente está en su vida, ¿cómo es que usted ni tiene fe? No se engañe, si usted manifiesta miedo, duda o ansiedad, esas son las señales claras de falta de fe.

¡Reaccione contra ese sentimiento! Use la fe consciente. Si usted tiene alguna duda de la presencia del Señor Jesús en el barco, puede invitarlo a entrar inmediatamente. Invítelo al Señor Jesús a participar de esa situación angustiante, invítelo al Señor Jesús a que esté a cargo de su vida.

Teniendo conciencia de que Él está a su lado, pídale dirección para hacer las elecciones correctas y pídale también coraje para ejecutar Su voluntad. Cuando tenga la certeza de lo que debe ser hecho, actúe en esa fe. Así, puede venir la tempestad que sea, usted siempre tendrá paz de espíritu para hacer lo que tenga que ser hecho.