“ÉL es el único que puede curar, liberar, transformar, dar una nueva vida a todas las personas que están aquí. Muchas fueron bendecidas y transformadas, pero otras se encuentran débiles y desanimadas”, con esta afirmación empezó el obispo Paulo Roberto a orar por los asistentes a la reunión del pasado domingo 10 de marzo.

¿Qué es la fe? ¿Cuál es la definición bíblica? Fe es la certeza de cosas que se esperan, la convicción de lo que no se ve. No depende de los sentidos naturales, de lo que ve o siente. Es la certeza de que la Palabra de Dios es verdadera.

El hecho de que estés pasando por un problema de cualquier índole no significa que Dios te haya abandonado, que no te ame o que se haya olvidado de ti.Tenemos que entender que el mal siempre va a levantarse para intentar destruirnos, causar dudas y separarnos de la presencia de Dios.

Jesús dio su propia vida en la cruz para salvarnos. Sacrificó la vida en la cruz para darnos vida en abundancia. Si nosotros confiamos en Su Palabra, venceremos. Dios prometió al pueblo de Israel la tierra de Canaán, la Tierra Prometida. El pueblo vivió esclavo en Egipto durante 400 años. Dios levantó a Moisés para que aquel pueblo fuera libre y para que les dijera a los hijos de Israel que sacrificaran un cordero y comieran su carne y la sangre del cordero la pasaran por las puertas de sus casas. El ángel de la muerte pasaría por Egipto para matar a los primogénitos de los egipcios.

Dios tuvo que mandar 10 plagas y la última plaga fue la muerte de los primogénitos. Dios ha instituido la Pascua que fue el día que las familias sacrificaron al cordero. Aquel sacrificio representaba el sacrificio de Jesús.

El pueblo vivió esclavo y con ese sacrificio fue liberado. En la casa de los hijos de Israel no hubo muertos. Ellos salieron de Egipto porque ellos creyeron y obedecieron. Jesús sacrificó su vida en la cruz para que fuéramos libres de las garras del diablo, para que nosotros recibiéramos vida.

Cuando la persona es liberada del mal, no significa que de la noche a la mañana toda la vida va a cambiar y que no va a enfrentarse a dificultades. El mal siempre va a intentar destruir.

Cuando el pueblo salió rumbo a la Tierra Prometida, Faraón endureció su corazón y persiguió, con todo su ejército, a los hijos de Israel. Ellos tenían el Mar Rojo por delante y los egipcios por detrás. Parecía una situación límite, sin salida. Pero Dios tenía el control de todas las cosas, estaba por encima de todo y sabía cómo librarlos.

Pero el pueblo fue incrédulo, manifestó la fe con el sacrificio, pero dudaron después y temieron con los enemigos. Eso es lo que no podemos hacer. Uno necesita estar fortalecido en las promesas de Dios. Dice la Biblia que “Cuando Faraón se hubo acercado los hijos de Israel alzaron sus ojos y los hijos de Israel temieron y clamaron al Señor”. Entonces se quejaron diciendo, ¿nos has sacado para que muramos en el desierto? El pueblo no tenía fe. Cuando las cosas iban bien creían, cuando vinieron los problemas se quejaron y dudaron.

Moisés dijo: “No temáis; estad firmes y ved la salvación que el SEÑOR hará hoy por vosotros; porque los egipcios a quienes habéis visto hoy, no los volveréis a ver jamás” (Éxodo 14:13). Es eso lo que tenemos que hacer nosotros, estar firmes en la Palabra de Dios. El problema que estás atravesando puedes vencerlo. Para Dios no hay nada imposible. Cuando creemos, vencemos. No hay nada que no podamos conquistar.

Cuando estamos apoyados en Su Palabra no tememos a nada ni a nadie. Solo temes si no estás en la fe. Los problemas van a venir, pero apoyados en Su Palabra nosotros venceremos.

No podemos descuidar la relación con Dios. Es importante meditar a diario en Su Palabra. Tenemos que comer la comida física, el alimento para que podamos estar de pie y fuertes. La Palabra de Dios es el alimento de nuestro espíritu, lo que fortalece nuestra fe, lo que no nos deja abatirnos delante de los problemas.