“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una Gran Voz como de trompeta.”

(Apocalipsis 1:10)

Un domingo, el apóstol Juan estaba en espíritu. Sus pensamientos viajaban con los pensamientos de Dios. Meditaba en las Palabras de Jesús y en los hechos relacionados a Él. Sus enseñanzas, Sus promesas, Su gloria… De repente, oyó una Gran Voz.

Muchos esperan oír la voz de Dios audiblemente, con los oídos humanos. Por eso, terminan confundiéndose, terminan obedeciendo a los espíritus engañadores o a las voces humanas. Eso no es estar en espíritu. La voz humana se oye con los oídos físicos. La voz Divina es espiritual y se oye con los oídos espirituales. Del Espíritu de Dios al espíritu humano. Pero, ¿cómo estar en estado espiritual para oír la voz de Dios? Cuando el intelecto medita en la Palabra de Dios.

A pesar de ser alta como de trompeta, solamente Juan oyó esa Gran Voz, pues solo era audible para los que estaban en espíritu. Así es con todos los que están es espíritu. Solo estos oyen la voz de Dios. Oyen y obedecen.

 

 

No oigas la voz de los problemas, mantente en espíritu, medita en la Palabra de Dios y oirás Su voz.