Problemas familiares, físicos, económicos… todos atravesamos momentos complicados en nuestras vidas. Hay situaciones en las que todo se pone en contra. Se acumulan las dificultades y pensamos que no podremos levantarnos nunca.

El obispo Paulo se dirigió a todas estas personas en la oración del pasado domingo. “Muchos lo estáis pasando mal, no podéis dejar de llorar en casa, en el trabajo… el día a día es solo sufrimiento. Vivís en una batalla continua de pensamientos negativos e incluso os habéis llegado a plantear hacer una locura”. El obispo oró por todas estas personas para que encuentren a Dios y, por ende, se liberen de ese hoyo profundo que les oprime.

Esmelda estaba viviendo una situación límite y consiguió salir de ella gracias a la fe. Su testimonio es una demostración de fortaleza y esperanza. “Mi vida era un caos. Desde la infancia sufrí malos tratos físicos y psicológicos. Pensé que, si me casaba pronto, conseguiría la felicidad que tanto ansiaba, pero no fue así. Mi marido me fue infiel en repetidas ocasiones y me quedé sola con mis dos hijos pequeños”.

El mundo se le vino encima y cerró las puertas a cualquier otra relación sentimental. “Me volví desconfiada y como yo provenía de una familia desestructurada, pensé que ese era también mi destino. Muchos años después conocí a otra persona y le di una oportunidad. Me traicionó de nuevo y me hundí por completo”.

Esmelda se encontró sola de nuevo y con el hándicap de que no podía apenas trabajar, porque tenía que cuidar de los niños cuando salían del colegio. “No tenía ninguna ayuda, iba a pedir comida y muchas veces no la conseguía. Mis hijos pasaron muchas necesidades y yo entré en una depresión. La única salida que veía para acabar con todo aquel sufrimiento era suicidarme y acabar también con la vida de mis hijos”.

Afortunadamente uno de sus hermanos la invitó al Centro de Ayuda. No se resignó, empezó a seguir los consejos y comenzó a buscar a Dios. Los resultados fueron llegando. “Entendí que Dios hace posible lo imposible. Perdoné a mi marido y aprendimos a valorarnos. Ahora somos felices y tenemos una familia unida. Los problemas económicos también desaparecieron. Me siento realizada en todos los aspectos de mi vida”.

El testimonio de Esmelda es la demostración de que “quien conoce a Dios, no desiste en la batalla”, afirmó el obispo Paulo. Ella pensaba desistir, acabar con todo. Estaba desesperada porque los pensamientos negativos, los traumas, los complejos y las dudas dominaban su vida. Esto les ocurre a muchas personas, quizá sea tu caso. En ese momento en el que se toca fondo es cuando el individuo entra en depresión. Probablemente siga una religión por tradición, pero no es suficiente, le falta conocer a Dios. ¿Cómo se hace esto? Con una entrega total a Él, sacrificando, renunciando a todo lo negativo como las adicciones, el adulterio, etcétera.

“¿Cómo puedes esperar un cambio en tu vida si no estás dispuesto a obedecer la Palabra de Dios, a ser fiel a Dios y a abandonar el pecado? El tema de hoy no es agradable para mucha gente. Quieren una solución, pero no quieren sacrificar. Estar aquí sentado no va a resolver tu problema. ¿Sabes qué lo hará? Entregar tu vida en cuerpo, alma y espíritu; rendirte a Dios”, señaló el obispo.

Si quieres cambiar de vida este es el camino: entregarte a Jesús, serle fiel y hacer un pacto con Él. En definitiva, entregarse en cuerpo, alma y espíritu a este Dios vivo.