En nuestro país se ha avanzado mucho en lo que se refiere a derechos y libertades. No obstante, cuando abordamos el tema religioso chocamos contra un muro. En general hay una intolerancia hacia todo aquello que no es la religión tradicional. Convivimos con personas de otras creencias, pero enseguida las tildamos de sectarias, las rechazamos o las calificamos de manera negativa.

Esta aconfesionalidad del Estado no estaba pensada para discriminar, sino para constituir un ambiente neutral en los temas religiosos. En realidad, debería servir para fomentar nuevas formas de inclusión y respeto a las creencias de cada uno. Una manera para enriquecernos culturalmente con las tradiciones de otras religiones que ya han dejado de ser minoritarias en España.

Actualmente convivimos con musulmanes, evangélicos y judíos. Estas son las religiones mayoritarias en nuestro país, junto con el catolicismo.

Las cifras demuestran que estas religiones no son algo anecdótico o marginal. Concretamente en España, el 70% de la población se define como católica, aunque solo el 13% la practica habitualmente, según el Centro de Investigaciones Sociológicas –CIS-. La que más seguidores tiene, a continuación, es el islam. Según la agencia de noticias europapress.es hay 1,95 millones de musulmanes en nuestro país, lo que supone un crecimiento del 1,4% en el último año.

Por su parte, la iglesia evangelista se sitúa en el tercer lugar por número de fieles. El diario protestantedigital.com señaló que el crecimiento de la iglesia cristiana evangélica ha aumentado enormemente. Según los últimos datos de 2017, en España, existen cerca de 370.000 creyentes evangélicos. Además, el Observatorio del Pluralismo Religioso confirma que sus lugares de culto se han duplicado y actualmente cuentan con más de 4.000. Yendo un poco más allá, Evangelismo a Fondo España afirma que “se está abriendo una iglesia y media por semana en España, seis iglesias al mes, es decir, 82 iglesias al año”.

Los judíos son la cuarta tendencia religiosa más seguida, aunque sus cifras son bastante inferiores. Se estima que profesan esta creencia en nuestro país cerca de 45.000 personas.

¿Qué significa tener libertad religiosa?

Significa ser libre para tener la fe que se desee o para ser ateo y manifestarlo públicamente. A día de hoy esta libertad es relativa porque puedes expresarte, pero, en ocasiones, te resultará peligroso.

Los delitos de odio a la religión han aumentado en España un 11% desde el año 2015, según un artículo del diario Elmundo.es. Profanaciones, robos, destrozos, pintadas y agresiones a las personas que están en los diferentes lugares de culto son las acciones más habituales. Álvaro Serrano, responsable del servicio jurídico de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas en España, según rtve.es, se quejó de las numerosas pintadas que han sufrido en sus edificios. En Tarragona, por ejemplo, escribieron “fuera cristianos de nuestras tierras”.

Todos estos incidentes no son hechos aislados y es necesario erradicarlos porque si no se extenderán y cada vez se generalizará más ese rechazo a lo diferente y las agresiones a aquellos que no piensen como los demás.

Las redes sociales facilitan estos comportamientos porque bajo el anonimato, muchas personas se engrandecen y no miden sus palabras ni las consecuencias que pueden provocar. El Ministerio del Interior ha constatado que los delitos relacionados con las creencias religiosas han aumentado nada menos que un 119%, por encima de los ideológicos que han subido un 72%.

¿Se puede solucionar la intransigencia religiosa?

Los tiempos están cambiando. Los políticos empiezan a ser conscientes de que la intolerancia religiosa en España es un problema. El ex ministro de Justicia, Rafael Catalá, cuando aún estaba en posesión de su cargo en el año 2017, afirmó que “puede afrontarse la reforma de un texto con 40 años nacido para privilegiar el catolicismo”.

La normativa vigente es la ley orgánica 7/1980 de 5 de julio, sobre la libertad religiosa. Desde ese año no se ha producido ninguna modificación. Catalá no fue el único que intentó reformarla. En 2010 José Luis Rodríguez Zapatero tenía preparado un anteproyecto de ley que finalmente nunca vio la luz. En 2019 la sociedad ha evolucionado aún más y gran parte de la sociedad no se siente identificada con ese hermetismo religioso que queda latente en España. ¿Se acabará en algún momento la intolerancia religiosa que nos rodea?, ¿las instituciones públicas abogarán por enfrentarse a esta situación?

Valencia, pionera en la lucha por la libertad religiosa

El consejero de Educación de la Comunidad Valenciana, Vicente Marzà, confirmó el pasado mes de septiembre que 10 centros educativos permitirán escoger como asignatura la religión islámica y la evangélica, además de la católica; siempre y cuando los alumnos lo demanden. Lo hace “en cumplimiento de lo que marca la ley” haciendo clara alusión al artículo 16 de la Constitución Española.

Aunque en principio es un programa piloto, si funciona, se acabará implementando en todos los centros docentes de la Comunidad. Su idea es que esta situación se extienda a toda España, aunque ellos hayan sido los pioneros.

Testimonios reales de personas que sufrieron la intolerancia religiosa

Lo diferente o lo desconocido genera, en muchas ocasiones, incomprensión. Lo rechazamos sin ni siquiera tener un conocimiento profundo de lo que estamos criticando. Eso es lo que les ocurrió a Juan, Antonio y María cuando sus allegados se enteraron de que acudían al Centro de Ayuda Cristiano y seguían la fe de la iglesia cristiana evangélica.

Las tres son historias reales, pero con nombres ficticios porque a día de hoy, siguen teniendo problemas en su ámbito profesional o laboral si dan la cara con su verdadera identidad. No quieren continuar sintiéndose señalados por tener una creencia diferente a la tradicional.

Juan llegó al Centro de Ayuda Cristiano con muchos problemas. Le acogieron con los brazos abiertos, le escucharon y le aconsejaron. Puso en práctica todas estas orientaciones y consiguió superar todo aquello.

Su familia se distanció de él porque le acusaban de estar sufriendo un lavado de cerebro en las reuniones a las que acudía. “Tuve que escuchar que, por seguir mi fe, estaba en una secta en la que se iban a aprovechar de mí económicamente. Pero, si en ese momento era estudiante, ¿cómo podían pensar aquello? No entendían que la iglesia cristiana evangélica fuera tan importante para mí. Además, por aquel entonces surgieron difamaciones en los medios de comunicación que tildaban a la iglesia de fraude. Posteriormente estos medios tuvieron que retractarse, pero el daño ya estaba hecho.

Mis amigos también se alejaron de mí y en el trabajo tampoco lo entendieron”. Algunos compañeros se enteraron de su historia de superación y en ese momento empezaron las burlas constantes. Intentaron echarle hasta en 4 ocasiones alegando bajo rendimiento, pero como no era cierto no lograron su objetivo. Aun así, la persecución es constante: vigilan sus conversaciones, menosprecian su trabajo… todo por tener una creencia diferente a la tradicional. Le han llegado a acusar de curandero e incluso de brujo.

“Acaso, en un país democrático, ¿no tengo derecho a pensar y a creer libremente? El desconocimiento de todas estas personas ha convertido mi vida en un drama. Me hacen sentir diferente y solo. A día de hoy mi familia me respeta y estamos de nuevo unidos. Vieron que yo estaba bien y que la fe me había hecho superar muchos problemas. Desafortunadamente, con algunas amistades y en el ámbito laboral continúa siendo un tema tabú”, relata Juan.

Antonio tuvo una experiencia similar a la historia anterior. “Yo era católico por tradición familiar pero no me sentía identificado. Comencé a interesarme por la iglesia cristiana evangélica y a acudir a las reuniones. Me parecían muy útiles y me hacían sentir bien. Esperaba que mi familia apoyara mi decisión y mis creencias, pero al principio no fue así.

Mis padres no conocían el Centro de Ayuda Cristiano, pero se dejaron llevar por las noticias falsas que aparecían en internet. Aseguraban que me estaban engañando sin conocer el trabajo que hacían en el Centro. En muchas ocasiones me sentí solo e incomprendido. Afortunadamente encontré a mi mujer que ha sido mi gran apoyo.

Dicen que el tiempo es el que nos da o nos quita la razón. La realidad es que llevo más de 20 años en la fe y gracias a ella he superado la depresión y las adicciones. A día de hoy estoy casado, soy feliz y tengo una buena relación con mi familia”.

María es otro ejemplo. Su vida fue muy complicada. Con solo 17 años se casó, pero esa relación fracasó y decidió venir a España. La ofrecieron trabajar en la prostitución y aceptó. Ahí comenzó su declive. Económicamente estaba bien, pero para intentar evadirse consumía drogas. Empezó a tener problemas de salud e intentó suicidarse.

“Afortunadamente conocí el Centro de Ayuda Cristiano y empecé a practicar todos los consejos que me daban. Dejé la prostitución y las drogas, me casé y comencé una nueva vida. El problema fue que algunos de mis familiares no entendían que yo acudiera a las reuniones del Centro”. Fue otro momento duro en su vida.

La familia del padre de su hijo la amenazó con contarle al niño todo el pasado de María, si no abandonaba su fe. Ella estaba angustiada porque después de lograr superar todo aquello, ahora tenía que luchar para que los suyos no le dieran la espalda en algo que la había hecho tanto bien.

En el Centro de Ayuda Cristiano enseñamos la importancia de la fe práctica, pero, además orientamos y motivamos a todo aquel que lo necesita. El ser humano lucha ante los problemas. En muchas ocasiones, éstos, son más fuertes o el individuo se siente tan solo que cae en una depresión, sufre ansiedad, se refugia en el alcohol o en las drogas y acaba tocando fondo. En España existe un gran desconocimiento sobre la iglesia cristiana evangélica. De todo esto saben mucho los consejeros del Centro de Ayuda porque han sufrido los ataques de los intransigentes.

El pastor Lenin Cerón ha vivido experiencias muy desagradables. “Cuando estaba como consejero en la iglesia de Cuatro Caminos, en Madrid, dos personas entraron pidiendo información. Yo no sospechaba lo que en realidad querían. Mientras les explicaba el trabajo del Centro de Ayuda empezaron a realizar preguntas irónicas menospreciando nuestra creencia. En ese momento, uno de ellos, accedió hasta el altar y orinó allí. Se fue cuando le dije que iba a llamar a la policía”, relata el pastor.

Por desgracia no fue el único momento en el que sufrió este tipo de actos. “Una cadena de televisión emitió un reportaje en el que se difamaba al Centro de Ayuda. Por aquel momento, yo estaba en la iglesia de Hospitalet de Llobregat, en Barcelona. No tardaron en aparecer pintadas en las paredes de nuestras instalaciones con mensajes como “secta” y “ladrones”. Lo peor es que eso caló en la sociedad y aparecieron vecinos que nos increpaban. Vivir así, constantemente perseguidos, era muy difícil. Además, en las instalaciones de Getafe nos ocurrió algo similar. Unos jóvenes accedieron y empezaron a destrozar el mobiliario y a romper cristales. Después huyeron. Cuando llegó la policía no les pudieron identificar y tuvimos que asumir nosotros el arreglo de todos los desperfectos”, nos cuenta Cerón.

La mejor manera de afrontar este desconocimiento es enseñando los avances que consiguen los asistentes. Emitir críticas sin fundamentar es sencillo, pero estas acciones hacen mucho daño.

El obispo Antonio también ha sufrido en sus propias carnes los ataques de los que no piensan como él. “He recibido amenazas cuando hablaba en la calle sobre la iglesia cristiana evangélica. Además, me han llegado a escupir y a empujar. Pero ha habido más casos… un pastor de Getafe fue golpeado con una cadena y atacado con una navaja. Estuvo 20 días en cama debido a las fuertes heridas en el tórax y en las piernas.

Situaciones de agresiones físicas hemos tenido muchas, pero también psicológicas. Recuerdo a una mujer que por el simple hecho de haber dado el testimonio en la televisión y difundirlo en las redes sociales la despidieron de su trabajo”, afirma el obispo.

En definitiva, el respeto y la empatía son dos pilares fundamentales en toda relación humana. Estos principios junto con la perseverancia y la fe práctica son los que rigen en el Centro de Ayuda.

La Constitución Española en el artículo 16 avala estos principios básicos. Concretamente establece que: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”.