Mucha gente atraviesa un verdadero infierno. Están llenos de frustraciones, de fracasos y de problemas. Viven siempre tristes, deprimidos e infelices. Maldicen cada día de su existencia y su cabeza se llena de pensamientos de suicidio.
Cuando somos víctimas de alguna “tragedia” entramos en shock y echamos la culpa al destino. De hecho, muchas personas están convencidas de que, todo en nuestra vida, está escrito antes de que suceda. El obispo Paulo Roberto explicó que esto no es así: “Somos nosotros los que marcamos el rumbo con nuestras decisiones. Si hacemos lo correcto tendremos una vida plena y feliz. Si volvemos la espalda a Dios y no hacemos caso a su palabra, fracasaremos. La culpa no es de Dios. Cosechamos lo que sembramos”.
Dios es Padre y, como tal, no quiere ver sufrir a sus hijos. Ningún padre quiere que hagan daño a su vástago, pero las decisiones finales son de ellos. Si, por ejemplo, les aconsejas que no se junten a determinadas compañías, pero en un acto de rebeldía no hacen caso, no puedes hacer nada. La función de los progenitores es educar y transmitir unos valores, pero eso no asegura que los pongan en práctica.
Lo mismo ocurre con nosotros, no basta con venir a la iglesia y con creer en Dios. La fe si no está acompañada por obras, no funciona. Mucha gente está dentro de la iglesia, pero no está en el Reino de Dios, no está viviendo por la fe.
La Palabra de Dios es el manual de vida. Si La ponemos en práctica a través de una fe inteligente conseguiremos todos nuestros objetivos. Si no te entregas de verdad, asumiendo la fe en Jesús, no sirve de nada acudir a la iglesia. “Dios quiere que tengas una vida bendecida. Para eso ha venido Jesús: para dar vida en abundancia. Pero esto no cae del cielo, tiene que ser conquistado a través de nuestra fidelidad con Dios”, señaló el obispo.
Es fundamental creer en Dios. Desde niños nos trasladan, erróneamente, el mensaje de que “no se puede tener todo en la vida”. El obispo dijo que sí se puede y lo argumentó afirmando que es una cuestión de fe. Jesús dijo: “al que cree todo le es posible”. Afortunadamente, muchas personas apoyadas en esta palabra, cambian el rumbo de su vida. Convierten una existencia llena de fracasos en una vida plena y feliz. El secreto es poner a Dios el primero en tu lista de prioridades.
Somos conscientes de que no es un proceso sencillo y de que muchas veces las emociones quieren situarse en el primer lugar. Tienes que perseverar. Debemos escuchar la voz de la fe, de la Palabra y ser fieles al Señor.