Malas contestaciones, enfados, agresividad… los problemas a los que nos enfrentamos en nuestra vida provocan que traslademos a los demás nuestra frustración.

Seguro que en algún momento de tu vida has dicho o has escuchado decir a alguien: “no me soporto ni a mi mismo”, “soy negativo y me deprimo con facilidad”, “quiero cambiar mi carácter, ser más paciente y ayudar más a las personas, pero no sé cómo”. El obispo Paulo Roberto señaló en la reunión del pasado domingo que “la clave es buscar el Espíritu Santo. Para que Lo recibas solo necesitas poner a Jesús en el primer lugar de tu vida, por encima de todo”.

El Espíritu Santo es luz, es paz, es alegría, es vida, es fortaleza. Cuando Jesús habita en nosotros, somos capaces de salir de cualquier situación por muy difícil que sea.

Para entender mejor esta afirmación narró un hecho bíblico. Los discípulos contaban, habitualmente, con la presencia física de Jesús y se sentían fuertes cuando estaban a su lado. Pero cuando se alejaban de Él, aparecían las dudas. Uno de los días que Jesús se marchó, los discípulos siguieron adelante… La barca ya estaba lejos de la playa cuando comenzó a ser azotada por las olas del mar porque el viento era contrario.

Jesús, tranquilamente, fue andando sobre las aguas para encontrarse con sus discípulos porque sabia que no iba a pasar nada. Los discípulos cuando le vieron estaban tan asustados que pensaban que era un fantasma y comenzaron a gritar.

Cuando la persona tiene dudas, tiene miedo, es insegura… ve fantasmas, ve problemas hasta donde no existen.

Jesús dijo: “soy yo, no temáis”. Pedro contestó: “si eres tú, manda que yo vaya a encontrarme contigo sobre las aguas”. Jesús le dijo: “ven, y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas”. Lo que humanamente era imposible se convirtió en posible porque él creyó. De repente, desvió su mirada de Jesús y comenzó a mirar las aguas. Al ver el fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse.

El obispo hizo referencia, también, al comienzo del Ayuno de Daniel. “Hoy comienza el Ayuno cuyo objetivo es que te enfoques en el Espíritu Santo”. Durante estos 21 días, hasta el 9 de junio concretamente, debes dejar de lado la información y las redes sociales para centrarte en lo verdaderamente importante: la búsqueda del encuentro con Dios.