El obispo Paulo Roberto comenzó la reunión de esta semana haciendo alusión al capítulo 12 del evangelio de San Juan, que dice: “(…) vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él” (Juan 12:1-2).

María, que era más espiritual, que amaba verdaderamente a Jesús y que vivía buscando en primer lugar las cosas de Dios; se quedó a los pies de Él escuchando Su Palabra. En ese momento, Marta se quejó porque estaba sirviendo ella sola. Jesús le respondió argumentando que, María hizo bien porque priorizó el reino de Dios y la vida espiritual.

María demostró el amor, la fe y la adoración por Jesús cuando en esta cena, en la que solo faltaban 6 días para ser crucificado hizo lo siguiente: “(…) tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3).

Los que no conocían a Jesús la criticaron, pero María fue honrada por Él. Este es el camino para tener un verdadero encuentro con Dios.  Tienes que priorizar y reconocer que Él lo es todo.

Cuando nos humillamos delante de Él, el Espíritu Santo toma posesión de nuestras vidas y nos da el poder necesario para vencer. Solo podrá acudir a ti si te entregas en cuerpo, alma y espíritu.

¿Cuántas personas pierden a sus hijos en las drogas? ¿Cuántas fracasan en su matrimonio estando ya dentro de una iglesia? ¿Por qué sucede? Porque no viven una fe práctica, viven una fe teórica. Dios quiere que marques la diferencia, que seas Su imagen en este mundo.

“Sé que es un tema complicado porque estamos hablando de renuncia y de entrega. Muchas personas quieren cambiar de vida, prosperar, recibir el Espíritu Santo, pero no quieren sacrificar.”, afirmó el obispo.

¿Qué suele ocurrir cuando uno decide entregarse y dar lo mejor de sí mismo a Jesús? Que es criticado. “A mi me pasó. Me desacreditaban, se reían e incluso, tuve problemas dentro de mi propia casa. No me importó. Tenía muy claro que quería y que quiero a Jesús. Así que continué y el Espíritu Santo llenó mi vida y la transformó. Posteriormente, a través de la obra que hizo en mi vida, Él salvó a mi familia”, relató el obispo.

Todos podemos experimentar esta plenitud. ¿Cuál es la clave? Reconocer que Jesús es lo más importante de tu vida. Aunque estés solo en esta decisión, ¡aférrate a Él!, ¡mantente firme en tu fe! De esta manera tu vida va a cambiar rotundamente y serás la persona más feliz del mundo.