“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras”.

(Lucas 3:8)

En otras palabras, ¡gran cosa es ser hijo de Abraham! No os apoyéis en eso. No sirve de nada tener conocimiento bíblico y no conocer a Dios; no sirve de nada tener apariencia de religioso y no conocer a Dios; no sirve de nada tener nombre de vivo, pero estar muerto.

El arrepentimiento da frutos. Frutos de actitudes contrarias a lo que se hacían en el pasado. Las actitudes que separan a los hijos de los bastardos. Tus actitudes y tus frutos determinarán tu futuro. No Dios. Él dejó bien claro: “La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando Yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo. Y cuando Yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente” (Ezequiel 33:12-16).

En resumen:

“Cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello. Y cuando el impío se apartare de su impiedad, e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello”
(Ezequiel 33:18-19).

Tus actitudes construyen tu futuro.