¿Quieres salir victorioso ante cualquier problema? Es fundamental que recibas el Espíritu Santo. Solo así serás capaz de enfrentarte a todo lo que venga y lograrás tener paz y ser feliz. Este fue el eje central de la reunión del pasado domingo. El obispo Paulo Roberto, a colación de este mensaje, hizo referencia a varias citas bíblicas para explicarlo.

Jesús dijo lo siguiente: “Y yo rogaré al Padre y, os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). ¿Qué significa? Él prometió darnos Su Espíritu no para un momento puntual sino para todos los días de nuestras vidas.

No debemos confundir términos. Una cosa es que la persona tenga al Espíritu Santo con ella y otra cosa es que habite en ella. Será más fácil entenderlo con un ejemplo: cuando Jesús estaba con sus discípulos todo iba bien. Tenían su presencia física y recibían los consejos directamente. El problema llegaba cuando ellos tenían que irse o cuando el propio Jesús se retiraba para orar. En ese momento, los discípulos se sentían inseguros y tenían miedo. Es más, el propio Pedro, que presenció muchos milagros; acabó negando 3 veces a Jesús. ¿Cuál es el motivo? El Espíritu Santo no vivía dentro de él. Actuaba como un hombre terrenal, no había nacido de nuevo.

El propio Jesús les explicaba esto a sus discípulos: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:17). “Jesús ya estaba con ellos, pero sabía que lo que necesitaban, realmente, era habitar dentro de ellos”, argumentó el obispo.

Cuando la persona recibe el Espíritu Santo, sabe que nunca más estará sola ni desamparada. Jesús dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). El obispo explicó esta aseveración: “Un huérfano se siente solo y abandonado. Jesús no nos dejó huérfanos porque regresó en la persona del Espíritu Santo”.

A estas alturas, muchos os preguntaréis, ¿qué tengo que hacer para recibir el Espíritu Santo? Las escrituras lo recogen: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Las personas muchas veces confunden conceptos. Ir a la iglesia, ser creyente o profesar una religión no es sinónimo de amar a Dios. ¿En qué consiste? “Consiste en obedecer, practicar Su Palabra, guardar sus mandamientos y poner a Jesús en el primer lugar de tu vida”, señaló el obispo. Es exactamente lo mismo que Él hace cuando bautiza a las personas con el Espíritu Santo. En ese momento, llena su vida por completo y evita que satanás pueda ejercer su poder.

Está claro que todo esto implica sacrificio y renuncia, pero merece la pena. ¿Por qué? Porque cuando el Espíritu Santo viva dentro de ti, sabrás qué decisiones tomar y lo harás guiado por una fe racional e inteligente.

Tal vez te estés preguntando, ¿sabré si el Espíritu Santo se ha manifestado en mi vida? Por supuesto. En ese momento notarás que tu carácter cambió y tu manera de enfrentarte a los problemas también. Sentirás la fuerza que necesitas para enfrentarte a todas las luchas y salir victorioso.

En definitiva, si ansias que el Espíritu Santo esté contigo debes estar dispuesto a abandonar el pecado y obedecer la Palabra de Dios.