La fe exige entrega, sacrificio y obediencia. Solo tomando esta actitud lograrás cambiar tu vida. Y es que, la Palabra de Dios, se cumple en la vida de aquel que cree verdaderamente y lo demuestra”. Estas fueron las palabras que mejor resumen la reunión del obispo Paulo Roberto, el pasado domingo.

La historia de Abraham demuestra esta afirmación. Él se casó con Sarai, pero ella era estéril y no podía darle hijos. Aún así, Abraham, la honró, la fue fiel y la amó. Dios al ver su actitud quiso formar, a través de Abraham, una nación fuerte a la que enviar al Salvador.

Abraham, por aquel entonces, tenía muchas posesiones porque su padre al morir le dejó como heredero de Canaán y de todas las propiedades. Dios decidió poner a prueba su fe. Para ello le dijo: “Abram vete de tu tierra y de tu parentela, de la casa de tu padre al lugar que yo te mostraré” (Génesis 12:1).

En definitiva, le pidió lo que para muchos era una locura: dejar todo lo que tenía sin saber a dónde iba. Dios le hizo 7 promesas:

  1. “Haré de ti una nación grande”
  2. “Te bendeciré”
  3. “Engrandeceré tu nombre”
  4. “Serás la propia bendición”
  5. “Bendeciré a los que te bendijeren”
  6. “A los que te maldijeren, maldeciré”
  7. “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra”

Las personas de su entorno más cercano, probablemente, no lo entendieron. Creerían que se había vuelto loco porque no sabía donde iba exactamente, pero él era consciente de que tenía que obedecer por la fe.

Quizá te preguntes, ¿qué es la fe en realidad? La fe es la certeza de las cosas que se esperan y la convicción de lo que no se ve. En el caso de Abraham no vio nada, pero tenía la certeza de que Dios cumpliría lo que decía.

La fe es independiente de los sentidos naturales. No tienes que esperar a sentir algo para obedecer, no funciona así. Tu vida tampoco no va a cambiar por venir a la iglesia. Nosotros enseñamos la Palabra de Dios, pero la persona tiene que creer, obedecer, entregarse y vivir una fe práctica. Solo de esta manera el poder de Dios comenzará a manifestarse en su vida.

Abraham tuvo que salir y renunciar. Solo escuchó la voz de la fe. Él ya era rico, pero prosperó aún más. ¿Por qué? Porque las promesas de Dios se cumplieron su vida.

La biblia dice: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham” (Gálatas 3:7). Nosotros que somos de la fe, somos hijos también de Abraham. Dios quiere hacer contigo lo mismo que hizo con Abraham. Quiere que prosperes como te mereces. ¿Cuál es la receta?  Tu actitud. Necesitas lanzarte en cuerpo, alma y espíritu.

Jesús sacrificó su vida para salvarnos. Murió en la cruz. Es una muestra de que todos tenemos que sacrificarnos porque, solo así, conseguiremos la victoria.  Si quieres probar a Dios porque no estás conforme con la vida que estás viviendo, entrega tu vida y haz tu sacrificio.