“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito”.

(Romanos 8:28)

En la Mano de Dios o en Su dependencia, todo lo que sucede en la vida será para MEJOR. Es difícil entender esto cuando se vive en dificultades; cuando se está en medio de las tempestades; cuando los exámenes clínicos eliminan las últimas esperanzas de vida; cuando sucede la pérdida de un gran amor; cuando todos los sueños se evaporan de la noche a la mañana.

Pero cuando se oye la Voz del Espíritu de Dios en lo más profundo del alma, las peores noticias, los peores momentos, en fin, todo el mal se disuelve como las tinieblas delante de la luz. Esta convicción íntima testifica con nuestro espíritu “que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien…” (Romanos 8:28). Entonces, vestido de esa armadura, venga lo que venga, suceda lo que suceda, NADA, ABSOLUTAMENTE NADA, SERÁ de acuerdo con la voluntad de los enemigos.

Por peor que sean las tormentas, los consejos de los amigos de Job, los exámenes médicos, la pérdida del gran amor, aun así, tarde o temprano, se verificará que todo lo que sucedió fue para bien. O, mejor dicho, para mejor. JESÚS LES GARANTIZA a Sus seguidores: “He aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

En la mano de Dios o en Su dependencia, todo lo que sucede en la vida será para MEJOR.