¿Por qué tengo tan mala suerte? ¡Todo me pasa a mi! Seguro que has escuchado, o incluso pronunciado, estas y otras frases similares, alguna vez. Tendemos a culpar a los aspectos externos de lo que nos ocurre, en lugar de analizar qué estamos haciendo para que no ocurra eso. Cosechamos lo que sembramos, por eso, somos nosotros los que decidimos nuestro futuro y no es el azar el que lo hace.

El obispo Paulo Roberto señaló en la reunión del pasado domingo que “la decisión siempre es nuestra”. ¿Por qué? Porque todo depende de nuestra actitud de fe y de nuestra entrega a Dios, es decir, si priorizamos nuestra vida espiritual, venceremos en todos los problemas a los que nos enfrentemos.

La rutina provoca que vivamos preocupados por el trabajo, el dinero, el futuro y, en definitiva, multitud de cosas materiales. De esta manera, dejamos de lado nuestra vida espiritual y, por eso, es muy habitual encontrarnos a personas que viven frustradas e infelices.

Eso es lo que le ocurrió a Marta. Un día, Jesús entró en una aldea y Marta le recibió en su casa. Su hermana María, que también estaba allí, se sentó a los pies de Jesús para escuchar Su Palabra. Mientras, Marta se dedicó a preparar las cosas para servir a las personas que se encontraban allí y a otros quehaceres para que no faltara de nada.

María prefirió alimentarse de la Palabra de Dios. Esa fue su prioridad. Marta se enfadó y le dijo a Jesús: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude” (Lucas 10:40). Jesús le respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41- 42).

Este es el ejemplo de que María no fue capaz de tomar la decisión correcta. Y es que lo importante no era la comida, el servicio y todos los bienes materiales. La Palabra de Dios es fundamental. Desafortunadamente, lo que le sucedió a Marta con María es habitual. Muchos familiares o amigos se enfadan cuando nos entregamos a la fe y priorizamos nuestra vida espiritual. Nos tachan, incluso, de fanáticos.

“Meditar de día y de noche es primordial porque es el alimento de nuestro espíritu”, afirmó el obispo Paulo. Necesitas comer para estar fuerte físicamente, pero si no comes durante una semana no te vas a morir. Cada día estarás más débil, eso sí. Lo mismo sucede con la fe. Cada día que no la alimentes, tu espíritu será más débil. Esta es la clave para convertirte en una persona fuerte y vencedora: invertir en la fe inteligente. Y tú, ¿te identificas con Marta o con María?, ¿Te preocupa más tu vida material o espiritual?