La confianza en uno mismo es fundamental para avanzar. Cuando carecemos de ella es más fácil que nos manipulen y que, por miedo, nos quedemos en nuestra zona de confort. Evitar tomar iniciativas y no tener fe en que conseguiremos lo que nos propongamos, nos lleva a un fracaso, prácticamente asegurado.

No importa quién nos diga que no somos capaces, o las trabas que nos pongan en el camino. Con esfuerzo y utilizando la fe inteligente, alcanzáremos nuestras metas.

David es el claro ejemplo de esto. A lo largo de su vida sufrió muchas injusticias y rechazo, incluso por parte de sus propios padres. De hecho, acabó trabajando como pastor de ovejas que, en esa época, era el oficio al que se dedicaban los que no tenían más posibilidades.

David nunca se desanimó. “Aunque nadie creía en él, él creía en Dios. Tenia un corazón puro. No le importaba lo que la gente pensaba. Él quería agradar a Dios”, relató el obispo Paulo Roberto en la reunión del pasado domingo.

El rey Saúl desobedeció a Dios y Éste mando al profeta Samuel a la casa de Isaí para que eligiera a uno de sus hijos como nuevo rey. Samuel cogió el aceite, que es el símbolo del Espíritu Santo, para elegir cuál de los hijos de Isaí sería el elegido para ungirle y consagrarle como rey de Israel.

En esa reunión David no estaba presente, pero Dios le escogió porque el Señor ve el interior de la persona. El hombre, en cambio, ve el exterior.

Todos los hermanos de David pasaron delante de los ojos de Samuel y no eligió a ninguno. Samuel no lo entendía. Le preguntaron si faltaba alguno. Dijo que tenían al más pequeño, que era pastor de ovejas, trabajando fuera. David no estaba allí y ni siquiera había sido escogido por su padre para participar en esa reunión tan importante. No importó porque había sido escogido por Dios.

A veces vivimos tan preocupados por nuestra apariencia, que nos olvidamos de lo más importante: nuestro interior y nuestra relación con Dios. “Lo que marcará la diferencia en tu vida es lo que tienes dentro de ti. Nuestra fuerza es el Espíritu Santo que está dentro de nosotros”, afirmó el obispo.

Samuel derramó el aceite en la cabeza de David y éste fue lleno del Espíritu Santo. David tuvo muchas luchas, pero en los momentos de debilidad, el Espíritu Santo le fortalecía. El hecho de creer en Dios, no va a impedir que vengan problemas o situaciones difíciles. El Espíritu Santo es para que venzas los problemas.

¿Cuántas veces tomamos decisiones movidos por los sentimientos? Cuando actuamos priorizando las emociones, tenemos un 90% de posibilidades de equivocarnos. El corazón fue hecho para sentir, no para pensar.

Quizá te preguntes, ¿cómo puedo recibir el Espíritu Santo? Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:21-23).

Y tú, ¿quieres tener el Espíritu Santo? ¿Tener esta fortaleza dentro de ti?

Tu objetivo tiene que ser seguir a Jesús y Su Palabra. Cuando la persona cree, obedece y practica la Palabra de Dios, recibe el Espíritu Santo.