Hay personas que sienten que su vida está paralizada, otros tienen depresión, problemas familiares, etcétera. ¿Por qué hay tantas personas que no avanzan? Porque no están viviendo en el abrigo de Dios, ni priorizando el reino de Dios en sus vidas. En definitiva, no están viviendo una fe práctica.

La Biblia nos cuenta la historia de José que era un joven fiel a Dios. Sus hermanos, que recibieron la misma educación, eran rebeldes y no practicaban la Palabra. De hecho, tenían envidia de su hermano. Dios le dio a José una visión, le dijo que él seria grande. El sol, la luna y 11 estrellas se inclinarían delante de él representando que toda su familia se inclinaría ante él. Él con su ingenuidad, lo comentó con sus familiares y ellos se quedaron indignados. Sus hermanos pasaron a tenerle más envidia y planearon matarle. Cuando tuvieron la oportunidad, le cogieron y le echaron en una cisterna vacía para matarlo.

Finalmente, sus hermanos vendieron a José como esclavo, para frustrar sus sueños. Con 17 años empezó a trabajar como esclavo en Egipto y fue vendido a Putifar, que era un oficial del faraón, para trabajar en la casa del oficial. José vivía por la fe. No se deprimió porque fue rechazado y vendido por sus hermanos ni porque estaba solo. Él sabía que podía contar con Dios.

“Quizá tu estés en una situación semejante a la de José, no puedes contar con tus hermanos, con tus padres, con tus amigos, con nadie. Te sientes solo y esta situación te deprime, te angustia, te deja sin fuerzas, pero tu también puedes contar con Dios. Con aquel que tiene el poder en sus manos para resolver cada uno de nuestros problemas”, aseguró el obispo Paulo Roberto, en la reunión del pasado domingo.

Aunque José estaba en Egipto, en una tierra extranjera, trabajando como un esclavo, dentro de él era libre porque tenía una fe viva y verdadera. Dios bendijo a José y en la casa de Putifar, José prosperó y fue nombrado mayordomo de toda la casa. Además, tuvo la oportunidad de pecar porque la mujer de Putifar quiso acostarse con él. Era joven y hombre, pero sabía que eso no iba a agradar a Dios y él la rechazó. Por eso el fue ajusticiado una vez más, pero permaneció fiel a Dios y Dios le bendijo. Se volvió gobernador de Egipto. No fue fácil. Para lograrlo pasaron 13 años porque las cosas no suceden de la noche a la mañana.

“Si quieres vencer tienes que mirar hacia adelante. Satanás va a usar a un hermano, a tu padre, a tu madre o a un compañero de trabajo, para quitar tu confianza en Dios y para que mires a la situación y dejes de mirar tus metas”, añadió el obispo.

Más adelante, José tuvo la oportunidad de vengarse de sus hermanos, pero no lo hizo. A veces la persona se consume con odio y rencor, pero eso no le ayuda. José les dijo a sus hermanos: “Ahora, pues, no os entristezcáis ni os pese de haberme venido acá: porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales no habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posterioridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:5-8).

José comprendió que todo había sido un plan de Dios para que él fuera honrado, pero tuvo que pasar por la prueba. Las injusticias, los problemas y las dificultades, son pruebas que pasamos para ver cómo reaccionamos delante de una situación. Es decir, son oportunidades para que manifestemos la fe y podamos conquistar lo que anhelamos.

A veces cuando a las personas no les falta de nada, descuidan su fe y ahí está el error. En Egipto se acomodaron, no buscaron a Dios, no sacrificaron para Dios, no practicaron la fe. Ellos comenzaron a inclinarse a los placeres de Egipto hasta que José un día murió, el pueblo se multiplicó y se levantó otro faraón que no conoció a José. Este comenzó a tener miedo del pueblo y comenzó a esclavizar a la gente. José que no tenía nada fue fiel a Dios y Dios le bendijo. El pueblo que tuvo todo se relajó y se apartó de Dios. Los hijos de Israel vivieron 400 años en Egipto como esclavos porque ellos descuidaron completamente su fe. Moisés tuvo que crecer y manifestar su fe en Dios para poder sacar al pueblo de esa situación.

“Mucha gente quiere conquistar, pero no quiere sacrificar. Una vez una persona me pidió que orara por él porque quería ser medico. Yo puedo orar para que lo seas, le dije, pero si no estudias, no vas a ser nada. Sin sacrificio no hay éxito. Dios no hace magia”, concluyó el obispo.