Más de 40.000 personas, en España, viven en la calle. Carecen de hogar, pasan frío, hambre y todo tipo de necesidades. Eso es lo que le sucedió a Silvano. Salió de su país buscando una vida mejor pero lo que se encontró fue muy duro. Al llegar logró trabajo en un restaurante, pero un tiempo más tarde perdió el empleo y comenzó su declive. Gastaba lo poco que tenía en consumir alcohol, en prostitutas y en fiestas. Perdió a su familia y se fue a vivir a la calle. Durante seis meses, que duró esta situación, buscaba comida en las papeleras para poder alimentarse. Pensó en suicidarse en numerosas ocasiones. “Creía que nunca saldría de esa situación. Sufrí mucho. La gente me trataba peor que a un perro. No tenía nada, pero tenía un revolver viejo con dos balas. Esas balas eran para mi cabeza, yo las guardaba. Un día saqué el arma y una voz me decía: ¡no hagas eso, lucha! Respiré y me dormí aquella noche al pie de un poste y cuando amanecí, al día siguiente, una persona de buena apariencia estaba a mi lado y me dijo: Dios tiene un plan para tu vida. Y yo dije: yo quiero comer, no quiero saber de planes. Él me dijo: tengo un plato de comida para ti y le acompañé. Me llevó hasta la iglesia y cuando llegué a la puerta de la iglesia dije ahí no entro. Pero después pensé: ¿Qué tengo que perder? Entré”, recuerda Silvano.

Asegura que aprendió que por el camino de la fe podía vencer cualquier situación. Buscó trabajo de nuevo y lo logró en una empresa de limpieza. Comenzó a ver un cambio y justo llegó la Hoguera Santa.

“Subí al Altar con la vida fracasada pero cuando bajé de allí era un gigante. Me sentía más fuerte. Dios me abrazó y me dijo: hijo yo estoy aquí, nunca más vas a sufrir. El Espíritu Santo es lo más importante que tengo en mi vida. Comencé a luchar con aquella visión. Tres días después dimití en aquella empresa y abrí mi propio negocio. Comencé a vender bocadillos, tapas y llegué a ganar 150 euros por día. Hacían fila para comprar. Abrí otro negocio que funcionó a la perfección. Hoy tenemos coches, casas, estoy casado y tengo una familia maravillosa. Dios me sacó del barro, del Egipto, de la basura y me hizo un hombre de éxito. Para mi la Hoguera Santa es algo que espero con muchas ganas porque nos hace llegar donde nunca creeríamos que podemos llegar”, afirma Silvano.

Tras presentar la historia de Silvano el obispo Paulo Roberto aseguró que “la fe es el mayor tesoro que tenemos. La mano de Dios vuelve posible lo imposible. Silvano era un mendigo, no tenía esperanza, pero puso atención en la Palabra de Dios, creyó, sacrificó y hoy disfruta de una vida plena, en todas las áreas de su vida”.

Lo mismo ocurrió con Moisés. Él lo tenía todo en Egipto, pero vio que su pueblo estaba sufriendo y no quiso mirar hacia otro lado. Y es que, aunque Dios tenía un pacto con Abraham no sucedía nada, ¿por qué? Porque faltaba alguien que verdaderamente creyera. La madre de Moisés le enseñó la Palabra de Dios y él decidió sacrificar. Ese sacrificio fue su demostración de fe. La Biblia dice: “Por la fe, Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:24-26).¿Qué es el galardón? El galardón es la recompensa que Dios tiene para aquellos que manifiestan la fe en Su Palabra. “La mirada de Moisés no estaba en los tesoros de Egipto ni en las cosas materiales sino en la recompensa que Dios tenía para él. Moisés miró lo que iba a conquistar, no lo que iba a sacrificar”, aseveró el obispo Paulo.

Cuando la persona duda, se hunde, no progresa y vive una vida vacía. Moisés no dudó en sacrificar todo e ir al desierto del Sinaí. Él regresó a Egipto y sacó al pueblo de la esclavitud de Faraón.

Dios hizo un pacto con Moisés y le dijo: “Haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú la obra del Señor, porque será cosa tremenda la que yo haré contigo” (Éxodo 34:10). Moisés se convirtió en el líder de esta gran nación.

Tú también puedes conquistar lo que te propongas. Quien decide creer, o no, eres tú. Moisés creyó y Dios actuó en su favor. ¿Cuál es tu decisión de fe?