“El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.”

(Eclesiastés 11:4)

Si las condiciones son favorables, la persona se apoya en ellas, Le deja a Dios en segundo plano y existen grandes posibilidades de fracaso. Si las condiciones no son favorables, la persona se siente insegura, tiene miedo de actuar y estará destinada al fracaso. Por otra parte; quien decide sembrar por la fe, y cosechar por la fe, es decir, actuar independientemente de las circunstancias o de las condiciones, alcanzará el éxito de una u otra manera. La vida exige decisión; exige acción. Mirar a las circunstancias, a las condiciones, nos impide poner en práctica la fe sobrenatural.

Al actuar por la fe, incluso lo que podría salir mal, sale bien. Esta es la certeza del que vive por la fe. Él agrada a Dios, por eso, tiene su futuro garantizado. No depende del viento para sembrar; no depende de las nubes para cosechar. Simplemente va y actúa. Simplemente cree. La inseguridad desaparece; la autosuficiencia se debilita. Solo queda la certeza de que Dios da la garantía. Él es mayor que el viento; más Alto que las nubes. Quien está con Él no tiene miedo de sembrar, porque tiene la seguridad de la cosecha.

Si esperas “el momento indicado”, nunca sembrarás, nunca cosecharás. El tiempo es ahora. Y hoy es la única certeza. El Señor Jesús nos enseña a vivir un día a la vez: “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34). Tu futuro depende de que andes con
seguridad hoy, de sembrar hoy lo que quieres cosechar mañana. Y vivir el ahora, sin apegarse al pasado; sin inquietarse por el mañana. Un día a la vez. Un escalón a la vez. Así es como se llega a la cima.

Haz hoy lo mejor de ti.