Cuando pensamos en hambre inconscientemente pasan por nuestra cabeza imágenes de cuerpos consumidos y raquíticos. Pero no hace falta vivir en el Tercer Mundo para no tener qué comer. En España el 3,2% de los hogares no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado. En concreto 600.000 personas en nuestro país, según el informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), están en situación de inseguridad alimentaria grave porque ni siquiera pueden acceder a productos considerados de primera necesidad.

En unas fechas como las navideñas muchas familias sufren aún más esta carencia de alimentos, sobre todo cuando tienen hijos. Por eso el Centro de Ayuda Cristiano celebró el pasado 21 de diciembre, como cada año, la distribución de bolsas navideñas entre las personas más necesitadas.

Más de 1.000 personas recibieron arroz, pasta, aceite, café lentejas, tomate frito, azúcar, galletas, polvorones y turrones. Pero además se les entregó una palabra de fe y de esperanza porque muchos de ellos están atravesando momentos muy difíciles por culpa del desempleo, de la falta de papeles y en definitiva de la carencia de recursos de todo tipo que sufren.

“Las fiestas de fin de año son una ocasión dónde se divulga la unión, la abundancia y la alegría, pero para las personas de bajos recursos, esto se vuelve un golpe fatal. Al no tener los recursos para disfrutar como la mayoría, se entristecen y los complejos aumentan. La idea del evento es llevar esperanza, solidaridad y compartir momentos felices con aquellos que más lo
necesitan”, aseguró el responsable del evento Fabio Donadeli.

En esta actividad participaron más de 100 voluntarios que trabajaron incansablemente para que todo estuviera preparado y los asistentes pudieran disfrutar de un día de alegría y felicidad. Entre los asistentes, unos vinieron por la necesidad de alimentos, pero otros porque se sentían profundamente solos. Y es que muchos lo están pasando francamente mal.

Por ejemplo, Belén y Jhoana son primas y llevan poco tiempo en España. La añoranza de la familia les dolía más que la falta de recursos. El evento les vino como anillo al dedo porque pudieron llenar sus corazones de paz y se llevaron alimentos que les ayudaron en sus necesidades básicas.

María Sagrario, es una anciana andaluza de 71 años que no tiene contacto con la familia desde hace 3 años. Sus dos hijos dejaron de visitarla y la soledad la estaba consumiendo. Ella asegura que “no vine por la bolsa solamente, sino por la palabra de aliento que ha llenado mi corazón de perdón y amor”.

El pastor Fabio Donadeli, responsable del evento señaló que han comprobado que además de la necesidad material está la necesidad espiritual. Es cierto que existen problemas sociales y consecuencias por la desigual distribución de la riqueza, pero lo que más ha destruido a las personas es su condición emocional. La falta de esperanza los ha doblegado delante de los
problemas y la ausencia de confianza personal los hace desistir antes de intentar sus metas. La suma de la bolsa navideña y la palabra de vida que se dio, fue el complemento perfecto para todos los asistentes.