“Algunas personas dirán como puedo cantar con alegría si estoy pasando por momentos difíciles y sufriendo tanto. Es difícil pero ahí entra la fe porque es importante que pongas tu fe en acción y te apoyes en la Palabra de Dios para que
puedas revertir esta situación que estas viviendo”, así comenzó la reunión el obispo Paulo Roberto el pasado domingo.

El hecho de estar pasando por un problema difícil no significa que Dios se haya olvidado de ti. Dios nunca nos abandona. Él tiene un plan, quiere darnos a todos vida en abundancia, pero necesita que nosotros actuemos con fe. Tener conocimientos
sobre Su Palabra no va a cambiar tu vida si no La pones en práctica.

Muchos de los problemas que tenemos hoy son las consecuencias de las malas decisiones que tomamos ayer. Cosechamos lo que sembramos. Eso se aplica para todo el mundo independientemente de quien sea o el título que tenga. Jesús dijo que
el hombre que oye Sus palabras y Las practica es comparado al hombre prudente que cavó y puso los cimientos antes de edificar la casa. ¿Qué ocurrió cuando cayó la lluvia? Que el río se desbordó, sopló el viento y dio con ímpetu contra aquella casa,
pero no la pudo mover porque estaba edificada sobre la roca. En cambio, el hombre que oye Sus palabras y no Las pone en práctica es comparable con un hombre insensato que edifica la casa sobre la arena. Cuando cae la lluvia y el viento sopla con
ímpetu contra aquella casa esta se cae, se derrumba y su ruina es total.

“Las tempestades y los problemas vienen sobre todos nosotros, pero las personas que solo oyen la palabra de Dios sin obedecerla y hacen las cosas a su manera, se hunden y fracasan. No tienen los cimientos para superar los problemas. Por eso vemos personas dentro de la iglesia que fracasan mientras que otras avanzan constantemente. ¿Dónde está el problema? ¿Es Dios el culpable? Dios no es injusto, pero no puede manifestarse ni bendecir cuando la persona no hace las cosas
correctas”, aseveró el obispo.

Jacob, que era hijo de Isaac, había sido escogido por Dios, aunque Esaú, su hermano, era el primogénito. Jacob sería el heredero de la bendición de la familia. Los hermanos crecieron y cuando Isaac estaba viejo llamó a Esaú y le pidió que fuera a cazar para que luego pudieran hacer un buen guiso. Su mujer escuchó a Isaac y le dijo que no podía dar la bendición a Esaú porque Dios dijo que Jacob debía ser el heredero. Ella llamó a Jacob y le mandó que cogiera un cabrito. Jacob siguió la orientación que su madre le dio de forma bienintencionada, pero ellos estaban haciendo las cosas de manera equivocada porque si Dios quería dar la bendición a Jacob lo iba a hacer. No era necesario que hicieran una trampa para conseguir la bendición. Isaac era mayor y apenas veía. Jacob fue dónde estaba su padre e Isaac bendijo a Jacob. Cuando Esaú llegó y se presentó ante su padre él se asustó y le dijo: “tu hermano vino con astucia y tomó tu bendición y no puedo cambiarlo”. Esaú quiso matar a Jacob. Es decir, una decisión equivocada trajo un problema familiar. Jacob quería la bendición y ser heredero, pero lo perdió todo por hacer las cosas a su manera. No supo esperar ni depender de Dios. Tuvo que huir de su casa y de su hermano hasta que pasara la ira de Esaú. Jacob salió sin nada.

Jacob estaba huyendo y llegó a Betel. Estaba angustiado y deprimido porque sabía que había hecho una cosa mala y se había equivocado, pero ya no podía volver atrás. Quizá tu reconoces que hiciste muchas cosas equivocadas, que tomaste decisiones
erróneas que trajeron consecuencias negativas y estás viviendo un drama porque cargas con un peso en tu conciencia. “Yo te digo que hay una esperanza y una solución para ti. Dios nunca nos abandona. En el momento en el que nos volvemos a Él, Él se vuelve a nosotros, nos perdona, borra el pasado y bendice nuestras vidas”, afirmó el obispo Paulo.

Cuando Jacob llegó a Betel estaba tan cansado del viaje que cogió una de las piedras de aquel paraje, se la puso en la cabeza y se acostó allí. Esa piedra simboliza a Jesús. Jesús es la roca que en nuestra vida tiene que estar edificada. Él puso la cabeza en la piedra y durmió. Dios se le apareció en sueños. La promesa de Dios a Abraham se extendió a Isaac y a Jacob y Le dijo estoy contigo. Lo único que Jacob tenía que hacer era cambiar sus actitudes porque todavía había tiempo para que pudiera cambiar su vida con Dios. Dios le estaba dando una oportunidad porque sabe que somos humanos, que fallamos y cometemos errores. Dios es padre y, ¿qué padre rechaza a su hijo? El hijo puede cometer fallos, pero el padre esta siempre dispuesto a
perdonar.

Jacob despertó de aquel sueño y supo que Dios estaba en ese lugar. Cogió aquella piedra y la usó para derramar lo único que tenía, el aceite que llevaba, e hizo un voto con Dios. Jacob en aquel momento se arrepintió y se convirtió a Dios. “Conversión
significa cambiar de dirección. Dio la espalda al pecado. Si Dios iba con él, no dejaba que le faltara nada y le permitía volver a casa de su padre determinó ser fiel a Su Palabra y lo puso el primero en su vida. Desde ese momento pasó a vivir por la fe y en
la dependencia absoluta de Dios. Se olvidó de su pasado y de sus errores. Dios le bendijo y fue con él”, narró el obispo.

Dios nos está dando, ahora a todos, la oportunidad de vencer y conquistar nuestros sueños. No lo lograremos de la noche a la mañana ni caerá del cielo. Por ejemplo, Jacob tardó 6 años en prosperar y cambiar la historia de su vida. ¡Tú también puedes cambiar la tuya! Dios te está dando la oportunidad, ¿te atreves a entregarte en cuerpo, alma y espíritu.?