En la reunión del pasado domingo, el obispo Paulo Roberto se centró en la importancia de la obediencia, “cuando vivimos en obediencia a la Palabra e Dios es imposible que el mal prevalezca sobre nuestras vidas. Esta es la clave”.

Muchas personas creyentes están con la vida hecha pedazos, ¿por qué? Porque piensan que pueden vivir de forma independiente, sin hacer caso a las enseñanzas de Dios, pero es imposible. La realidad es que dependemos de Él para todo. De hecho, fuimos creados a Su imagen y semejanza.

El problema es que, si la persona no obedece la Palabra y es rebelde, el Espíritu Santo no podrá habitar en su vida. Pongamos un ejemplo práctico para entenderlo. Actualmente cuando los okupas ven una casa vacía se meten allí. No les pertenece, pero como no hay nadie entran. Cuando queremos sacarles es muy difícil. Lo mismo ocurre en el terreno espiritual. Los espíritus malignos son okupas que entran en vidas que están vacías y que no les pertenecen causando todo tipo de problemas: depresión, peleas en el terreno sentimental, agresividad, etcétera. La vida se vuelve imposible.

La religión y los conceptos teóricos no sirven de nada si no los ponemos en práctica. Si un chico decide estudiar arquitectura, va a la universidad, pero no escucha y no pone en práctica los contenidos que allí se explican, ¿qué pasará? Que no logrará construir ni un solo edificio. Lo mismo sucede con la Palabra de Dios. “Si no te entregas, obedeces o si lo haces, pero cuando las cosas empiezan a irte bien dejas de practicar, aquel espíritu maligno que un día salió en la oración de fe va a regresar. ¿Por qué vuelve? Porque la casa está vacía de nuevo”, aseveró el obispo.

Mucha gente cuando tiene problemas pide que oren por ella, pero no pueden conformarse con eso porque no dará resultados. Tienen que tomar una actitud de fe. Si quieres tener una vida de calidad, feliz y próspera tienes que obedecer. Los que obedecieron la Palabra de Dios en el Sinaí vencieron a todos sus enemigos en todas las batallas.

“Dios dice que estés donde estés serás bendecido por Él porque no es el lugar el que marca la diferencia sino la fe que uno demuestra”, aseguró el obispo Paulo. De hecho, conocemos testimonios de muchas personas que dejaron su país y llegaron a España, pero nada cambió hasta que no lograron resolver su problema interior e invirtieron en ellos mismos a través de la obediencia a la Palabra. Sin sacrificio y sin lucha no hay victoria. Está claro que los problemas surgirán, pero Dios estará con nosotros para librarnos.

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Jesús nunca fue pobre. Él siendo Dios se hizo pobre, se humilló, y vino a este mundo como hombre, sujeto a todas las limitaciones y debilidades de los hombres, y dio su vida para salvarnos. Su objetivo era que por su pobreza fuésemos enriquecidos.