Permanecer parado o seguir. Continuar llorando o sonreír. Dejarse llevar o, en la dificultad, encontrar una solución. Luchar o entregarse en la guerra. La vida está hecha de decisiones y tú eres quien elige lo que debes hacer. Este es el mayor poder que existe y Dios lo colocó en nuestras manos: el poder de la decisión. No debes entregárselo a nadie.

Cuando decides levantarte y luchar, te encuentras a mitad de camino. Es posible que algo no salga conforme lo planeado, pero, aun así, te corresponde a ti tomar la decisión de seguir intentándolo o desistir.

Te mostramos cinco sencillos trucos para enfrentarte a tus decisiones sin miedo:

  1. Analiza el problema y dale la importancia real que tiene.
  2. Evalúa las ventajas y las desventajas.
  3. Piensa en las posibles consecuencias.
  4. Evita la presión social.
  5. Toma la decisión.