“Jesús lo es todo. Su Espíritu es lo que más necesitamos. De hecho, nadie puede ser feliz ni tener una vida plena si el Espíritu Santo no está en su vida”, aseveró el obispo Paulo Roberto al principio de la reunión del pasado domingo.

Puedes conquistar muchas cosas materiales en este mundo, pero si no tienes el Espíritu Santo siempre serás una persona pobre porque Él nos da vida, sabiduría, nos orienta y nos enseña el camino a seguir. Es el agua que sacia nuestra sed.

En una ocasión dice la Biblia que “Jesús entendió que los fariseos habían oído decir que Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba sino sus discípulos), salió de Judea y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria” (Juan 4:1-4). Jesús quiso salir de allí porque no quería aquel conflicto y se fue a Galilea. ¿Era necesario pasar por Samaria? No, no era el único camino, había otro, pero la Biblia dice que era necesario, ¿por qué? Porque Jesús quería llevar la salvación a aquella ciudad. Los samaritanos eran muy religiosos, creían en Dios, pero no se relacionaban con los judíos, ni siquiera se hablaban.

“Había una mujer samaritana que era pecadora que estaba sufriendo muchísimo y que estaba frustrada porque nunca había sido feliz en toda su vida. Una historia muy parecida con la historia de Loli que entrevisté en la radio”, afirmó el obispo. Loli llegó a la iglesia tras 50 años de sufrimiento. Sufrió abusos por parte de su padre cuando era pequeña. Quería ser feliz pero no podía porque todo lo que intentaba le salía mal. Intentó ser feliz cansándose, pero fracasó. Lo dejó y buscó a otro, pero tampoco funcionó y lo dejó. Tuvo cinco relaciones frustradas y pensó que no había solución para su problema. No creía en Dios, ni en sí misma. Se odiaba, no se miraba en el espejo.  Llegó un momento en el que pensó que la muerte era la única salida así que intentó quitarse la vida. Afortunadamente no lo logró. Posteriormente tuvo problemas de alcoholismo. Cuando llegó al Centro de Ayuda Cristiano conoció a un Dios vivo que no le juzgó ni le criticó. Dios no miró a sus pecados ni a su pasado. Le amó, le extendió la mano, le sacó de los vicios, de la depresión y restauró su vida por completo. Dios quiere hacer eso también contigo: cambiar tu vida y convertir tus lagrimas en gozo.

Volviendo a la historia del inicio, Jesús quiso pasar por Samaria para encontrarse con aquella mujer pecadora y salvarla. Jesús se sentó junto a un pozo, el pozo de Jacob, porque Él sabía que aquella mujer iba allí a buscar agua “a la hora sexta”. En esa hora el sol ya era fuerte. Ella iba tarde porque era una mujer pecadora e intentaba no encontrarse con otras personas para que no la criticaran ni se burlaran de ella. La mujer samaritana llegó y Jesús le dijo “Dame de beber”. Jamás un judío bebería agua de las manos de un samaritano porque había muchos prejuicios. Creían en el mismo dios de Abraham, pero había una rivalidad.

La mujer samaritana le dijo ¿cómo siendo judío me pides de beber si yo soy mujer samaritana? Él sabía que dentro de aquella mujer había un corazón sediento de Dios que no Le conocía. Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?” (Juan 4:10-11).

“¿Que significa eso?”, preguntó el obispo Paulo a los asistentes a la reunión. “Que el agua viva es el Espíritu Santo. Esa agua viva solo puede dárnosla Jesús. La mujer no había entendido nada”, explicó el obispo.

Jesús la respondió: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Es decir, cualquiera que bebe de los placeres de este mundo vuelve a tener sed porque este mundo no tiene nada que pueda saciar nuestra sed, solo el Espíritu Santo. Jesús salvó a aquella mujer. Ella creyó, se entregó y recibió el perdón.

Quizá te identifiques con la historia de esta la samaritana porque reconoces tus errores, has luchado con todas tus fuerzas y no has logrado tus objetivos. Hoy el Espíritu Santo puede entrar en tu vida y cambiarla.

“Solo tienes que abrir tu corazón a Jesús y olvidarte de los prejuicios. La tradición religiosa impide que la persona tenga un encuentro con Dios. Solo Él puede salvarnos porque es el único camino, verdad y vida”, finalizó el obispo Paulo.