Dada la adversidad de los días actuales, el obispo Paulo Roberto no pudo sino empezar el Santo Culto del pasado domingo orando por aquellos que de alguna manera se han visto afectados por la pandemia. Oró por aquellos que perdieron a un familiar para que el Espíritu Santo les diera fuerza, determinó la cura de los que están enfermos y pidió alivio para los que están deprimidos y angustiados.

Encendemos la televisión y solo hay una noticia: coronavirus. Parece que todo lo que está pasando es negativo. Hay muchas personas que se están curando, aún así, solo se habla de muertos, afectados y crisis económica. Con este aluvión de pesimismo es normal que las personas se sientan deprimidas. Si nos dejamos llevar las circunstancias fracasaremos. Si queremos vencer esta situación y todos los problemas no podemos dejarnos influenciar por los sentimientos. Tenemos que actuar como Caleb:

Moisés sacó al pueblo de Egipto, sin embargo, antes de llegar a la Tierra Prometida falleció. El pueblo se desesperó y se desanimó al escuchar la noticia. La preocupación y la incertidumbre se hicieron eco entre el pueblo, ¿cómo podrían llegar a su destino y vencer a los enemigos de aquellas tierras? Pero Dios, que sabía lo que hacía, le dijo a Josué:

“Esfuérzate y sé valiente porque tú repartirás a este pueblo por heredad la Tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”  (Josué 1:6-7).

Con estas palabras Dios le estaba dando a Josué la clave para vencer todos sus enemigos y todos los obstáculos hasta llegar a la Tierra prometida. Y esta es la clave para ti también: Sé fuerte y valiente. Si bien es normal sentirse triste ante alguna circunstancia, no te debes dejar influenciar por los sentimientos, pues estos te debilitan. En lugar de eso, apoya toda tu vida en lo que está escrito en la Biblia, no te desvíes de ella, practícala y serás prosperado en todo lo que emprendas. Pon tus ojos en Jesús. Esta es la clave del éxito.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

Mientras que las noticias negativas nos debilitan, la palabra de Dios nos fortalece, por eso debemos meditar de día y de noche en ella. La decisión es tuya. Josué hizo caso y  próspero, venció todos sus problemas y conquistó la Tierra Prometida, en cambio, una gran parte del pueblo pereció por su incredulidad, porque no creyeron en la palabra de Dios, y este es el mayor pecado que existe.

Mucha gente incluso tiene conocimiento de la palabra de Dios, pero no la practica. Prefieren vivir en el pecado, haciendo su voluntad, en vez de hacer la voluntad de Dios.  Prefieren vivir apoyados en sus amplios conocimientos, en su sabiduría humana y en sus riquezas. Sin embargo, hay muchas personas que darían todo lo que tienen en este momento para poder respirar sin la ayuda de máquinas. Hay mucha gente que daría toda su riqueza para salvarse, pero es imposible. El dinero no puede comprar la vida, la salud ni la salvación. Puede comprar bienes materiales, pero no compra la paz.

Si hay algo seguro para todos, independientemente de la edad, del estatus social o de la riqueza material, es que todos vamos a morir. No podemos elegir el día ni la manera en que vamos a partir de este mundo, pero podemos escoger dónde pasaremos la eternidad, pues nuestra alma no muere y solo hay dos posibles destinos para ella: el reino de los cielos o el lago de fuego.

Josué se aferró a la palabra de Dios, por eso venció todos sus problemas y llegó a su meta, la Tierra Prometida. Esto es lo que todos nosotros tenemos que hacer. ¡Tú también vencerás este problema que te está afligiendo, no dudes, confía en Dios! Pero es importante que estés enfocado en lo más importante: la salvación eterna, esta es la verdadera Tierra Prometida.

De nada sirve superar todos los problemas y conquistar bienes, poder y prestigio, si perdemos nuestra alma, como dijo el propio Señor Jesús:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:24-26)