Parece que estamos viviendo una pesadilla. Multitud de personas, desde que surgió la pandemia del Covid-19, se están dejando llevar por la angustia y la desesperación. Los casos de depresión e intentos de suicidio han aumentado vertiginosamente. La destrucción está siendo masiva, tanto a nivel económico como personal. En EEUU se han reportado más de cien casos de intoxicación por tomar desinfectante. Las personas ya no saben qué hacer para librarse de este virus. Las autoridades están desorientadas porque se enfrentan a algo nuevo. Ante toda esta incertidumbre, ¿Cómo podemos salir adelante? “Solamente volviéndonos a Dios”, aseveró el obispo Paulo Roberto en el Santo Culto del 26 de mayo.

Las promesas de Dios son condicionales, es decir, para ver el cumplimiento de Sus promesas en nuestra vida, tenemos tomar decisiones de fe, como podemos ver  a continuación:

“Si te volvieres al Onmipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción. Tendrás más oro que tierra, y como piedras de arroyos oro de Ofir; El Todopoderoso será tu defensa, y tendrás plata en abundancia”  (Job 22:23)

Es decir, para que esta aflicción se aleje de nosotros, estemos realmente protegidos y no nos falte nada, tenemos que volvernos a Dios. Esta es la clave para vencer todos los problemas, ya sean internos como miedo, duda, inseguridad o pensamientos negativos; como externos, problemas familiares, económicos o sentimentales. Volverse a Dios es abandonar el pecado, arrepentirnos y buscarlo a Él de todo corazón. Jesús vino para salvar, no para condenar, por eso no importa el pasado de uno, importa que uno decida volverse a Dios y dejar todo atrás.

Esto fue lo que hizo Rahab. Ella era prostituta, había cometido muchos errores en la vida y no tenía ningún valor para la sociedad. Vivía en la muralla de Jericó y tanto ella como su familia iban a morir, pues aquella muralla iba a caer irremediablemente. Sin embargo, tanto ella como el resto de los habitantes de aquella ciudad habían escuchado hablar acerca del Dios de Israel, de cómo había librado a Su pueblo de Egipto y como había abierto el Mar Rojo. Cuando los espías del pueblo de Israel entraron en su casa, ella tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: creer en el Dios de Israel. Asumió su fe y arriesgó su propia vida escondiendo a los espías en su casa.

Rahab le dijo a los espías:

“Sé que el Señor os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros”

Josué 2:9

Como podemos ver en este versículo, todos los habitantes de Jericó habían escuchado hablar sobre Dios, pero solo ella creyó. Los demás habitantes, a causa de su incredulidad, habían desmayado.

¿Y cuantos no se han desmayado ante esta pandemia? Miles de personas ya no tienen ánimo ni placer por la vida. Muchos están hundidos en una profunda depresión, apresados por el pánico, pero aún así no toman una actitud de fe que les libraría de esta angustia.

Dios nos da libre albedrío a todos, osea, somos libres de escoger el camino que queremos seguir. Él, como buen Padre, nos muestra el camino, nos revela Su palabra, pero no nos obliga a nada. Quien tiene que tomar la decisión es uno mismo. Rahab asumió la fe, creyó, y tanto ella como su familia fueron salvos mientras que el resto de los habitantes  fueron destruidos. Todos se perdieron porque fueron duros de corazón. Tuvieron la misma oportunidad que Rahab pero no la aprovecharon.

Rahab no solo fue salva, sino que fue verdaderamente honrada. Se casó con un hombre de Dios y de su descendencia vino nuestro salvador, el Señor Jesucristo.

Tú también tienes la oportunidad de ser salvo ahora, y no sabes si esta será tu última oportunidad. Todos los días mueren personas, y no solo de coronavirus. Un día nos moriremos todos, pero el problema no es morir, sino a dónde va a parar nuestra alma. El Señor Jesús se entregó para perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna, pero somos nosotros los que tenemos que tomar la actitud de abrazar Su palabra y rendirnos a Él.

No importa tu pasado o cuántos errores hayas cometido, acuérdate de Rahab. Tampoco importa si un día estuviste en los caminos de Dios y te apartaste. Él solo está esperando a que tomes la decisión de volverte a Él de todo corazón.

Jesús te esta dando esta preciosa oportunidad y ¿quién sabe si no será la última? Abre tu corazón y reconoce que sin Jesús no eres nada.