Puede que estés pasando por el momento más difícil de tu vida, que te encuentres en un callejón sin salida y que no tengas a nadie con quien contar. Sin embargo, no estás solo. Jesús no se olvidó de ti y te ayudará a resolver todos tus problemas. Solo tienes que creer y aferrarte a Él.

Muchos piensan que no se merecen el perdón de Dios porque cometieron muchos errores. Pero, ¿quién no ha cometido errores en la vida? ¿Quién no se ha equivocado alguna vez?

Todos somos pecadores. De hecho, todos podemos conjugar el verbo pecar: yo peco, tú pecas, él peca, el pastor peca, el papa peca…etc. No importa lo que hayas hecho mal a lo largo de tu vida, cuando te vuelves a Jesús y lo buscas con sinceridad, Él te perdona y te salva.

El apóstol Pablo, en su epístola a los hebreos, dice:

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:14-15).

En el Señor Jesús tenemos un sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque él sufrió en carne propia todos los males de la humanidad. Él cargó con nuestros dolores, nuestras enfermedades y todos nuestros pecados con el fin de salvarnos. Su sacrificio fue perfecto y vive para interceder por nosotros.

Antes del sacrificio de nuestro Señor Jesús, la presencia de Dios estaba en “el Santísimo Lugar”, un lugar reservado en el Templo que estaba separado por un grueso velo. Nadie podía entrar en la presencia de Dios, solo el sumo sacerdote podía entrar en aquel lugar para presentar sacrificios por el pueblo una vez al año. Cuando el Señor Jesús murió, este velo que nos separaba de la presencia de Dios se rasgó de arriba abajo.

A partir de aquel momento, si invocamos el nombre del Señor Jesús, podemos entrar con osadía en la presencia de Dios, independientemente de nuestra nacionalidad, color de la piel, nivel sociocultural o religión. Dios no ve estas cosas. Lo único que Dios ve es la fe, y cuando creemos en el sacrificio del Señor Jesús, tenemos acceso directo para hablar con Dios.

Esto significa que no necesitas intermediarios para hablar con Dios y pedirle ayuda. No dependes de un pastor, de un obispo ni de nadie para que Dios te atienda. Si clamas al Padre en el nombre del Señor Jesús, Él te oye y te socorre.

Mucha gente dice “¡hay tantas religiones en el mundo, me gustaría conocer la verdad!”. La verdad no es la iglesia A,B o C, ¡LA VERDAD ES JESÚS! Él es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6), es decir: Él es el único camino hacia Dios; Su Palabra es la verdad y, sin Él, ¡no hay vida!

La verdadera felicidad está en Él porque en nuestro interior hay un hueco que tiene el tamaño y la forma exacta de Dios. Muchos intentan llenar su vacío con cosas materiales pero lo material no puede llenar un espacio espiritual. En este hueco solo encaja el Espíritu Santo y, sin Él, nuestra vida es como un puzle incompleto.

Esta es la razón por la que mucha gente famosa, rica y poderosa se quita la vida a pesar de tener todo lo que el dinero puede comprar. Fueron acumulando frustraciones, desilusiones y problemas hasta llegar a la conclusión de que no valía la pena seguir viviendo. Todo porque no conocieron a Jesús.

Tú que estás leyendo esto, eres un privilegiado, pues estás teniendo la oportunidad de encontrar el perdón de todos tus pecados y tener una nueva vida. No importa lo que hayas hecho, si te arrepientes, confiesas tus pecados y decides obedecer Su Palabra, serás perdonado.

El apóstol continúa diciendo:

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 41:16)

¿Necesitas socorro? ¿Necesitas la ayuda de Dios? Acércate al trono de la gracia, confiadamente, con toda la seguridad de que Él te va a responder, solo tienes que confiar en el único intermediario, el Señor Jesús.