Cuando Moisés construyó el tabernáculo de Dios en el desierto, había dos altares: el altar del holocausto y el altar del incienso.

El altar del holocausto estaba situado enfrente de la entrada de la tienda de reunión (Éxodo 40:6). Nadie podía entrar en el tabernáculo (presencia de Dios) sin una ofrenda de sacrificio por sus pecados — simboli zando el sacrificio del Señor Jesús por los pecados de aquellos que en Él creen. Nadie puede venir delante de Dios sin la fe de que el Señor Jesús murió por sus pecados. Esto es lo que el altar del holocausto simbolizaba.

El altar del incienso estaba situado enfrente de la cortina del Lugar Santísimo, dentro del tabernáculo (Éxodo 30:1- 10), donde los sacerdotes quemaban incienso diariamente, llenando el tabernáculo con su fragancia. Eso simbolizaba continua alabanza y adoración a Dios.

La prueba de Gedeón exigió la rendición total de su vida en las manos de Dios. Si su dependencia (fe) en Dios era realmente sincera, él no dudaría en arriesgar su vida por la fe. El propio Señor tornaría el nombre de Gedeón grande para siempre, ¡pero él tuvo que pagar el precio, defendiendo su fe en Dios!

Es muy importante notar que la ofrenda que Dios exigió de Gedeón causó un gran conflicto en su corazón. Parece que Dios hace eso a propósito, para que la persona pueda definir su fe y no quede entre dos pensamientos. Él quedó entre la obediencia a Dios y el respeto por la idolatría que era predominante entre su familia y los israelitas en su ciudad. ¡Tuvo que hacer una elección!

Determinado a ver un cambio radical en Israel, Gedeón tomó la decisión correcta. Movido por la sabiduría, buscó cumplir el pedido de Dios en medio de la noche. Si lo hubiera hecho durante el día, ciertamente habría enfren- tado una gran resistencia por parte de los adoradores de ídolos y probablemente le habrían impedido cumplir su tarea. Todavía él estaba solo en su fe. Por lo tanto, podemos entender sus miedos. Además, el Señor no exigió que la destrucción del altar de Baal ocurriera durante el día. La hora no importaba, solo su destrucción total.

Actualmente, muchas leyes fueron hechas por los hijos de las tinieblas y enemigos de Dios para tornar ilegal la destrucción de los altares de Baal. La sabiduría nos acon- seja a que no salgamos por ahí destruyendo los altares de otras personas. Debemos respetarlas, aunque sean adoradoras de ídolos, así como también queremos ser respetados. Además, la obra de Dios no es hecha de poder o fuerza, como dijo el profeta Zacarías en el capítulo 4, versículo 6.

Pero cuando una persona se entrega al Señor Jesucrito de todo corazón, inmediatamente recibe el don de la fe sobrenatural – la fe inteligente que viene del Espíritu Santo, sus ojos espirituales son abiertos y percibe que Dios es espíritu, y no madera, piedra o metal. Entonces tiene el derecho de derribar su propio altar – lo que, a propósito, debe ser hecho inmediatamente después de su conversión.