Personas que vomitan verde, habilidad de girar la cabeza 360 grados, miedo a los crucifijos, estigmas, telequinesis, la capacidad de incendiar objetos, entre otros, es la idea que nos ha vendido Hollywood sobre una posesión.

Sin embargo, más allá de las ideas exageradas de una casa cinematográfica, una posesión es algo muy diferente, pero con el mismo fin: dañar a su víctima.

Lo primero que hay que definir es la palabra posesión y el Obispo lo explica de la siguiente manera: “… es el estado en el que una persona es poseída por espíritus inmundos […] es que el cuerpo sea usado por los demonios como habitación”.

La participación en las reuniones de nuestra iglesia es muy importante para aquellos que, verdaderamente, desean tener una nueva vida en Cristo lejos de las influencias demoníacas.

Hay demonios que no se manifiestan en las primeras reuniones porque se se quedan fuera de la iglesia, o incluso en su casa, esperando a que la persona salga de la reunión. Hay casos en los que cientos de demonios luchan entre sí para hacerse con el dominio de una sola persona.

Entre las diez señales de posesión más comunes están:

  • Nerviosismo
  • Dolores de cabeza constantes
  • Insomnio
  • Miedo
  • Desmayos o ataques
  • Deseos de suicidio
  • Enfermedades que los médicos no consiguen determinar las causas
  • Visiones de sombras o audición de voces extrañas
  • Vicios
  • Depresión

¿Sabías que el mal nunca estará satisfecho de perder una batalla? Siempre procurará reiniciarla para salir victorioso, por esta razón, el liberado no debe dejar de participar en las reuniones de la iglesia.