El bautismo con el Espíritu Santo no es una cuestión de opción doctrinaria o de denominación, sino una necesidad imperiosa para la sobrevivencia de la propia fe cristiana.

El Espíritu Santo nos lleva a experiencias constantes con el propio Dios; nos garantiza la certeza de la salvación e impide que seamos engañados por nuestras propias debilidades, motivándonos a un constante crecimiento espiritual, a fin de poder servir mejor al Señor Jesús (Efesios 4:13-16).

El hombre fue destinado por Dios para ser templo del Espíritu Santo. Pero, por su rebelión, dejó que los espíritus demoníacos dominaran su cuerpo, su mente y su alma. A pesar de ello, el Señor aún concede el Espíritu a aquellos que le buscan.

El bautismo con el Espíritu Santo es considerado como la segunda bendición, pues se produce después de la salvación, de la entrega y de la liberación. Por eso, la persona debe buscar ardientemente el bautismo con el Espíritu Santo.

El bautismo con el Espíritu Santo es la plenitud o la totalidad de Dios dentro de nosotros. Significa poder, fuerza, coraje, intrepidez y audacia en vivir tal cual vivió el Señor Jesús aquí en la Tierra. Está escrito:

“Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8)

Cuando alguien es bautizado con el Espíritu Santo, recibe inmediatamente poder para servir como instrumento en Sus manos; también para servir como testimonio de la resurrección del Señor Jesús, no solo en el sentido de hablar de lo que está escrito en la Palabra de Dios, sino de ser como el propio Señor Jesús: un testimonio de Alguien vivo.

Sin el bautismo con el Espíritu Santo se hace imposible ser un testimonio en los moldes bíblicos y, consecuentemente, sin ser testimonio no se puede ser cristiano como el Señor desea, pues está escrito: “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo” (1 Juan 2:6).

Cómo recibir el bautismo con el Espíritu Santo

Para poder recibir el bautismo con el Espíritu Santo, se deben seguir algunos pasos:

  1. Nadie puede llenar un vaso de agua pura mientras este estuviera sucio; de la misma forma, nadie puede recibir el Espíritu Santo si en su cuerpo hay cualquier otro espíritu, ya sea de demonios, envidia, contiendas, iras, codicias, cotilleos, etc.
  2. Nadie puede recibir el Espíritu de Dios mientras mantenga el corazón con rencor en contra de otra persona; antes, debe perdonar a quien le ofendió.
  3. Nadie podrá recibir el Espíritu de Verdad si permanece en la mentira, su palabra debe ser sí o no.
  4. Nadie podrá recibir el Espíritu Santo mientras sus pensamientos estén involucrados con las cosas de este mundo.
  5. El candidato al bautismo debe tener la seguridad de que no existe nada que le acuse delante de Dios; en caso contrario, debe confesarlo con sus labios al Señor Jesús y pedirle perdón.
  6. El candidato debe comenzar a adorar al Señor Jesús con la boca (no mentalmente), hablándole de sus sentimientos hacia Él, es decir, que Lo ama, Lo adora, que es la Persona más importante de su vida y que está dispuesto a hacer Su santa voluntad.
  7. No interrumpir las alabanzas al Señor con peticiones de sanidad, liberación o cualquier otra cosa.
  8. Es común, en ese momento, que la persona sienta picores, oiga algún ruido o algo que intente interrumpir su alabanza al Señor Jesús. Eso sucede porque está cerca de recibir el bautismo con el Espíritu Santo y el diablo intentará desviar la atención de la persona para que pierda la gran bendición. Continúa alabándolo de todo corazón, cada vez más fuerte, sabiendo que el Señor Jesús estará en ese momento aspirando tu alabanza como un buen perfume. El alimento de Dios es nuestra adoración.
  9. De repente sentirás una alegría que va a ir en aumento paulatinamente hasta que haya un gozo inexplicable en todo tu cuerpo; de ahí tu lenguaje pasará a ser totalmente diferente. Tú no entenderás nada, aún así, seguirás hablando extrañamente y no tendrás ganas de parar. ¡Serás sellado y bautizado con el Espíritu Santo!

¡No tengas miedo! El propio Señor Jesús dijo que si el hijo pide al padre un pedazo de pan, no recibirá una piedra (Lucas 11:9-13); de la misma forma, si nosotros, hijos de Dios, pedimos el Espíritu Santo, Él jamás permitirá que recibamos otro espíritu que no sea el de Él.

Las lenguas extrañas como señal del bautismo

Todos los que son bautizados con el Espíritu Santo hablan lenguas extrañas, pero no todos los que hablan en lenguas extrañas son bautizados con el Espíritu Santo. Es muy difícil para alguien que piensa que es bautizado y habla en lenguas extrañas aceptar esa verdad, pero los frutos de su propia vida son testimonios del engaño en que vive.

Realmente, todos los que fueron bautizados con el Espíritu Santo tuvieron la evidencia de hablar en otras lenguas y, como consecuencia, no solamente se manifestaron como verdaderos instrumentos en las manos de Dios, sino que también dieron testimonio de que traían dentro de sí la propia resurrección del Señor Jesús, viviendo una vida nueva.

Aquellos, por lo tanto, que hablan en lenguas extrañas y no producen los frutos del propio Espíritu Santo no solo están engañando a otros, sino que también a sí mismos, por los espíritus inmundos que en ellos habitan y que también saben hablar en lenguas extrañas, intentando imitar el Espíritu de Dios.

¿Cómo y cuándo acontece el bautismo con el Espíritu Santo?

El bautismo con el Espíritu Santo nunca sucede por casualidad, al contrario, es fruto de un ardiente deseo de conocer y servir mejor al Señor Jesús. El centurión Cornelio es un claro ejemplo de eso, pues la Biblia así lo representa:

“Había en Cesárea un hombre llamado Cornelio, centurión del regimiento llamado la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba siempre a Dios” (Hechos 10:1-2).

No fueron las limosnas de Cornelio las que le dieron las condiciones de recibir el bautismo con el Espíritu Santo, sino que, su carácter temeroso de Dios, sumado a sus oraciones, lo capacitaron para que fueran visitados, él y toda su casa, por el Espíritu de Dios.

Las limosnas simplemente expresaron su carácter liberal, una característica de todos aquellos cuyos corazones están realmente disponibles en las manos de Dios.

No somos nosotros los que dictamos las reglas de cómo y cuándo seremos bautizados con el Espíritu Santo, sino el propio Dios en la persona del Señor Jesús.

La Biblia nos afirma que Él busca personas de fe, a fin de manifestar Su gloria en este mundo. Cuando alguien busca hacer la voluntad de Dios con ayunos, oraciones, vigilias y otras actitudes, el Señor Jesús se encarga de llenarlo con Su Espíritu, como si lo tomase en las manos y lo sumergiese en las aguas del Espíritu.