“Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

(Mateo 4:4)

Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto, para ser tentado por el diablo. Después de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, en el límite de Sus fuerzas, tuvo hambre. El diablo no se acercó a Él mientras estaba fuerte. La tentación vino cuando Su cuerpo sintió hambre. Cuando Su alma clamó por alimento. “Y vino a Él el tentador, y Le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3). En el auge de la necesidad, el diablo apareció con una solución fácil y rápida.

Es siempre así. En el auge de la aflicción, surge una propuesta de solución rápida y fácil para responder a los deseos del corazón. Si el Señor Jesús hubiera cedido, estaríamos perdidos. Sin embargo, a pesar de estar débil Su cuerpo, Su Espíritu estaba fuerte. En Su respuesta, entendemos el porqué: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

La Palabra de Dios era Su alimento. Le hacía fuerte. Era Su necesidad. Su prioridad. En otras palabras, Él dijo: “Mi cuerpo quiere pan, pero Yo mando, no Mi cuerpo. Y Yo quiero la Palabra de Dios, no tu palabra”. Él despreció la palabra del diablo. Despreció la voz de Su propia voluntad. Despreció el deseo de Su alma, de Su cuerpo.

Conoce lo que está escrito. Desprecia la palabra del diablo y cree en la Palabra de Dios. Desprecia los deseos que quieren llevarte al más profundo abismo. Mantén tu espíritu en la Palabra que te alimenta.

Mantén tu espíritu firme en la Palabra y no cedas a los deseos de tu corazón.