Jesús siempre habló en contra de los religiosos, de los fariseos y de los hipócritas que se consideraban “más santos” y mejores que los demás. Dios no puede cambiar la vida de estas personas porque Él ve el interior, no la apariencia. Esta es la razón por la que muchas personas que profesan una religión no cambian de vida. En cambio, aquellos que son humildes y se entregan a Él, reciben el perdón y una nueva vida.

“Yo sé que aquí hay muchas personas que se sienten muy deprimidas y oprimidas por los errores que cometieron en la vida. Satanás quiere que te sientas mal por lo que hiciste en el pasado y quiere convencerte de que para ti ya no hay solución. Pero sí la hay, porque Jesús no vino a este mundo para condenar, sino para salvar”, así se dirigía el obispo Paulo Roberto a todos los presentes en el Salto Culto el pasado domingo.

Nadie merece nada de Dios porque todos somos pecadores. Aún así, Él quiere salvar a todos aquellos que se consideran perdidos y se humillan delante de Su presencia. Dios no ve los pecados que hemos cometido, si así fuera, nadie podría estar a la altura. Lo único que Él ve es la fe y la sinceridad de nuestro corazón.

ZAQUEO, UN LADRÓN JUSTIFICADO POR LA FE

La Biblia habla de Zaqueo, un recaudador de impuestos que defraudaba a las personas cobrándoles de más. Se dio cuenta de que todo el dinero que poseía y que había conseguido de manera ilícita no le daba ninguna felicidad. Al contrario, el vacío que tenía en su interior se profundizaba con el paso del tiempo.

Cuando Zaqueo se enteró de que Jesús pasaría por Jericó quiso conocerlo personalmente, pues sabía que defendía a los pecadores. Él era bajo de estatura y la multitud no le dejaría ver a Jesús con claridad. Aún así, no se resignó y buscó una manera de llamar Su atención, pues sabía que era su gran oportunidad de ser libre del pasado. Zaqueo, entonces, decidió subirse a un árbol.

Él era un hombre rico y disfrutaba de una buena posición social. Muchos en su lugar no osarían subirse a un árbol por miedo a la opinión pública. Sin embargo, con este gesto, Zaqueo demostró que no le importaba lo que las personas irían a pensar de él. Su deseo de cambiar de vida era superior a todos los prejuicios.

El Señor Jesús, que lo ve y lo sabe todo, vio la actitud de fe y la sinceridad del corazón de Zaqueo, y al pasar por allí le dijo:

“Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:4-5).

“El hombre ve el exterior, pero Dios ve lo que tenemos en nuestro interior, esto es, la fe y la sinceridad. Esto es lo que hace toda la diferencia. Esto es lo que cambia la vida de una persona”, enfatizó el obispo este domingo.

Como demostración del arrepentimiento sincero que había tenido lugar en su interior, decidió poner al Señor Jesús en primer lugar en su vida y sacrificar aquello que, erróneamente, había adorado hasta entonces: el dinero y la avaricia:

“He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8).

¿Sabes cuál fue la respuesta de Jesús?

“Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”  (Lucas 19.9-10).

Zaqueo no pagó por su salvación, pero lo que era ganancia para él perdió todo su valor cuando encontró la mayor riqueza que existe: Jesús. Cuando una persona encuentra a Jesús se vuelve la persona más rica del planeta.

Zaqueo demostró su fe a través de su actitud de renuncia porque Dios ve nuestra fe a través de nuestras actitudes, no solo de nuestras palabras. Por eso, si humillas tu corazón delante de Dios y confiesas que lo necesitas más que cualquier cosa en este mundo, Él te perdonará y hará de ti una nueva criatura, como sucedió con Zaqueo.