La primera acción del Espíritu Santo es revelada en el libro de Génesis.

“Al principio de todo, había un caos generalizado en la Tierra pero el Espíritu Santo Se movía sobre las aguas.

Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios Se movía sobre la superficie de las aguas.”

Génesis 1:2

El hecho de que el Espíritu Santo estuviera allí indicaba el cambio drástico que tendría lugar: donde había desorden y destrucción empezó a haber orden y construcción.

Podemos decir que el Espíritu Santo es el Creador y el aliento de vida de esta Creación. En la práctica, esto significa que Él continúa moviéndose sobre la humanidad hoy, aun estando la misma en un caos moral y espiritual debido a la acción de Satanás. Y así como hubo una Creación perfecta en el principio, pues la luz resplandeció y todo se convirtió en bello, fértil y útil, Dios está listo para hacer una nueva creación actualmente. No en el planeta, sino en cada uno de nosotros, de modo exclusivo, en todo aquel que se rinde a Él. Es lo que podemos llamar «génesis del alma» — el rescate del principio original, que hace que el ser humano se torne a imagen y semejanza del SEÑOR Dios. Para eso, el mismo aliento que le dio vida a Adán sopla de nuevo en la humanidad, a fin de regenerar al hombre caído y muerto en sus delitos y pecados (Efesios 2:5). El soplo del Espíritu Santo, que transformó al barro, una masa inanimada, en un ser vivo, ahora sopla para transformar tinieblas en luz; al alma abatida y desolada en alguien feliz y honorable; a hijos de ira en hijos del Dios Altísimo (Efesios 2:3).

El papel del Espíritu Santo, desde el comienzo, es transformar al alma; pues el hombre natural, separado de Dios, camina en tinieblas, en confusión, y tiene su entendimiento completamente oscurecido (Efesios 4:17-19). El corazón humano, por naturaleza, es duro como una piedra, por eso, no hay consejos o actitudes de terceros que puedan modificar su condición. Es más, ni siquiera la propia persona puede cambiar su corazón.

En su estado contaminado, este corazón de piedra no logra experimentar el amor de Dios, entender Su justicia o admirar Su bondad. Este corazón corrupto tiene apetitos y pasiones tan impropios que no hay solución para él — solo el trasplante de un nuevo corazón, pero, en este caso, espiritual (Ezequiel 36:26). Por eso, en todas las generaciones, vemos a millones de personas en el mismo estado en el que la Tierra estaba al principio: «sin orden y vacía». Es decir, infelices, vacías, desequilibradas y débiles, y algunas se entregan a los vicios, a la vida sin reglas, a la amargura, a la depresión, al consumismo, a las relaciones múltiples y a tantos otros males. Hay tanta oscuridad en el alma de quien aún no nació de Dios y no tiene Su Espíritu que no consigue tener un propósito firme en la vida.

El caos en la mente humana se evidencia cuando la gente desperdicia todo su tiempo y sus fuerzas en perseguir sus sueños materiales y las cosas vanas y pasajeras de este mundo sin pensar en la eternidad de sus almas. Y por más que las personas se esfuercen por vivir al máximo todos sus sueños, logren la realización profesional y familiar, alcancen la fama y ganen mucho dinero, al final de su existencia se sienten frustradas y asustadas por el destino que les espera después de la muerte.

El hombre caído teme, incluso inconscientemente, por su futuro eterno, pues sabe que no tiene poder sobre el mañana. Después de todo, Dios es el Único Autor del Libro de la Vida. Y solo el Espíritu Santo limpia la podredumbre del alma con agua pura y regenera al hombre para que pueda encontrarse con Dios.

Cuando el Espíritu Santo desciende sobre alguien es como si el propio Dios decretase dentro de esa alma el «sea la luz», así como decretó en el inicio de la creación. Cuando esto sucede, hay una verdadera transformación del carácter. Además, la vida empieza a tener sentido: hay paz, purificación en los deseos y objetivos, y una nueva forma de ver la vida, de pensar y de tratar a las personas que están a su alrededor.

El Espíritu Santo es Aquel que le pone fin al caos y que tiene el poder de transformarnos en habitación celestial del Todopoderoso. También es el Donador de la Vida, cuando, por ejemplo, generó al Señor Jesús en el vientre de María.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios.

Lucas 1:35

El milagro de la concepción del Hijo de Dios tuvo, como único Agente al Espíritu Santo, que no solo actuó en silencio e invisiblemente, sino también de forma soberana, al preparar un cuerpo para el Señor Jesús.

El Padre y el Hijo tributan honra al Espíritu Santo, declarando, en las Escrituras, Su papel fundamental en la obra de redención. Ofrezcamos todos nosotros también el mismo reconocimiento y alabanza, pues sin Él no tendríamos vida en nosotros mismos.