Nuestra vida es el resultado de la voz a la que damos oídos. Todo el mundo escucha palabras negativas, si no es de las noticias, es de la familia, los amigos o los compañeros de trabajo, pero la decisión de dejarse llevar por esas palabras es de cada uno.

La Biblia nos orienta que la vida y la muerte, la bendición y la maldición, está en nuestras propias manos. Soy yo quien decide mi futuro. Eres tú quien decide tu futuro. Si decides creer y practicar la Palabra de Dios, Dios se manifestará y tu vida será una bendición. Si decides creer en las palabras de duda y de muerte que tanto abundan en este mundo, cosecharás lo negativo también.

Necesitas enfocarte en escuchar, únicamente, la palabra de Dios,  y para ello debes filtrar las palabras que escuchas. Yo, sin ir más lejos, he escuchado muchas palabras negativas a lo largo de mi vida, pero he hecho oídos sordos a esas palabras para dar crédito solamente a la Palabra de Dios.

Cuando decidimos asumir nuestra fe en Dios, escuchamos muchos comentarios por parte de familiares y amigos que no entienden nuestra fe y buscan desanimarnos. Quizás ya te han tildado de fanático o tonto por venir a la iglesia o ser diezmador, pero lo que debes hacer es confiar en la Palabra de Dios, porque Él no falla. Cuando somos fieles, nosotros vencemos.

En realidad, lo único que puede cambiar tu vida es la decisión de poner al Señor Jesús en primer lugar en tu vida, reconocerlo como tu Señor, y decidir obedecer Su palabra.

Solo tú tienes la potestad de cambiar o destruir tu vida. El diablo no puede destruir tu vida y Dios tampoco puede bendecir tu vida si no crees en Su palabra,  si no tomas la decisión de escuchar la voz de Dios.

El Señor dice en Su Palabra:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19)

¿Quién es el que escoge? Uno mismo. Por eso, para que puedas tener éxito en la vida, tienes que escoger “la Vida”, que no es otra cosa que escoger seguir la Palabra de Dios, la Palabra de Vida. Nadie lo puede hacer por ti.

Con esto se puede deducir que Dios no castiga a nadie. Quien se castiga es uno mismo porque todo lo que nosotros sembramos, lo cosechamos. Es una ley fija en los cielos.

Si siembras lo malo cosecharás lo malo, pero si cosechas lo bueno, la fe, la obediencia y la fidelidad a Dios, también recogerás los buenos frutos.

No te dejes guiar por los comentarios de terceros. Déjate guiar por la Palabra de Dios y Él te conducirá a una vida de éxitos. Escoge la Vida, escoge entregarte a Jesús y vivir en obediencia a Su palabra y tu vida estará llena de grandes victorias.