Aprende a cuidar de tu cuerpo, que es el “templo del Espíritu Santo”, según la Biblia.

Un estudio realizado con más de 400 mil británicos entre 37 y 73 años ha revelado que las personas que duermen bien tienen hasta un 42% menos de probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón. La investigación fue llevada a cabo por la Universidad de Tulane, en los Estados Unidos, con los datos del sistema público de salud del Reino Unido.

Los especialistas monitorizaron el comportamiento de los voluntarios en relación a la calidad de su sueño durante un periodo de diez años.

Factores como la duración del sueño, el insomnio, el comportamiento noctámbulo o madrugador y la somnolencia diurna son determinantes para salud del corazón.

“Nuestros descubrimientos destacan la importancia de mejorar los patrones generales del sueño para ayudar a prevenir la insuficiencia cardíaca”, destaca el autor del estudio, el profesor Lu Qi.

Según los resultados, las personas que tienen un sueño de calidad están más protegidas contra la insuficiencia cardiaca. Quien no padece somnolencia diurna tiene un 34% menos de probabilidades de sufrir problemas del corazón, mientras que padecer insomnio aumenta en un 17% el riesgo de padecer enfermedades de este tipo.

¿Y tú, te estás cuidando?

La Biblia es muy clara en relación al cuidado que cada uno de nosotros debe tener con su propio cuerpo. De acuerdo con el obispo del Centro de Ayuda Cristiano, el Señor Jesús demostró tener un gran celo por un templo hecho con piedras. “Y si Él se preocupaba tanto por un Templo de piedras, cuánto más se preocupará por lo que hacemos con nuestro propio cuerpo, que ha sido creado por Sus propias manos?”, indagaba.

El obispo explica que “ser de Dios exige que tengamos celo con nuestro cuerpo por ser este, el Templo de Dios, y eso implica no ser negligente con la propia salud, entregándolo a las enfermedades a través de nuestros hábitos”.
Mantener hábitos insalubres de sueño, como hemos visto, es una manera de entregar el Templo de Dios a la destrucción.

Tenemos a nuestro alcance herramientas que nos proporcionan un descanso reparador:

– Practicar actividades físicas durante el día;
– No usar las pantallas, como el móvil o la televisión, al menos dos horas antes de dormir;
– Mantener los horarios. Irse a dormir y despertarse siempre a la misma hora;
– Evitar las bebidas alcohólicas o estimulantes, como el café, por lo menos, cuatro horas antes de acostarse;
– Alimentarse de manera saludable y evitar cenas copiosas;
– Mantener la habitación en una temperatura ambiente entre 19 y 25 grados, propicia para la relajación y el descanso.

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).