¿Qué es nacer de nuevo? Es nacer de Dios. Eso implica no nacer del pastor o de la amistad de él. Tampoco es simplemente gusta de la iglesia.

Nacer de Dios es nacer de Su Palabra; es tener la mente y el corazón limpios y transformados por el agua purificadora. Es morir para las cosas del mundo, para las fantasías e ilusiones que nos presenta. La persona que nació nuevamente no puede seguir la fábulas doctrinarias de personas o grupos, sino que vive conforme a la Palabra de Dios, que dice:

«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…» Mateo 6:33

Leemos también en Santiago 1:17-18:

«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.»

En Ezequiel 36:25-28, la Palabra de Dios igualmente registra:

«Esparciré sobre vosotros agua limpia y seréis purificados de todas vuestras impurezas, y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»

Sólo después de nacer del agua y de ser lavados por la Palabra de Dios es que nuestro corazón es transformado; sólo después de eso Dios nos da Su Espíritu Santo. Eso quiere decir que, para que seas bautizado en el Espíritu Santo, primero necesitas convertirte al Señor.

¿Qué es, finalmente, la conversión?

Es, conforme a lo que explicamos en el estudio sobre el arrepentimiento, cambiar de dirección, cambiar de carácter y de personalidad. Necesitas hacer tu parte para cambiar, esto es, creer en la Palabra, aceptar y esforzarte para ponerla en práctica en tu vida. Mientras tanto, sólo eso no basta, porque es la propia Palabra de Dios que nos purifica de todo lo que no agrada al Señor.