En la época de los profetas Isaías y Oseas Dios declaró, de forma específica, lo que Israel hacía y que Le desagradaba profundamente. Él llegó a revelar que, a causa de sus malas actitudes, Su pueblo sufriría y sería entregado a las naciones enemigas. El motivo de la caída del pueblo estaba, entonces, en su resistencia a hacer la voluntad de Dios. Sin embargo, ¿cómo podían obedecer si no conocían al Altísimo y, mucho menos, lo que Él apreciaba?

«Por eso va cautivo Mi pueblo por falta de discernimiento; sus notables están muertos de hambre y su multitud reseca de sed.» Isaías 5:13, (subrayado por el autor)

«Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, Yo también te rechazaré para que no seas Mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, Yo también Me olvidaré de tus hijos.» Oseas 4:6, (subrayado por el autor)

En estas declaraciones, el Todopoderoso reveló que la fuente de todo el sufrimiento, tanto de Israel como de Judá, era que el pueblo no tenía conocimiento espiritual — o porque los sacerdotes lo omitían, o porque faltaba interés genuino por parte de algunos en alcanzar ese conocimiento. O sea, había personas pecando porque no habían recibido la instrucción necesaria de parte de “sus pastores” y había aquellas que rechazaban la instrucción, simplemente, porque no querían conocer a Dios. A pesar de que las circunstancias fueran diferentes, ambos lados sufrirían las duras consecuencias de sus errores.

Siendo así, Israel y Judá se rindieron ante naciones enemigas, y sus puntos más importantes, incluyendo Jerusalén y el templo, fueron destruidos. Muchas personas murieron por causa de esos conflictos y del hambre que la guerra provocó, y muchas otras se tornaron cautivas de sus opresores.

Lo que ocurrió con Israel y Judá ocurre también en los días actuales. A fin de cuentas, quien no conoce a Dios no tiene discernimiento de Su voluntad y se pierde en su propia ignorancia y en sus pensamientos vanos. Ese mismo desconocimiento y ese desinterés han sido la marca de nuestros días. Por ese motivo, la vida de muchos está destruida, a pesar de vivir en una época con tanta libertad y con fácil acceso a la Palabra de Dios.

Sin embargo, lo más extraño es ver que eso ocurra justamente en la era del Espíritu Santo, pues estos son los días de mayor revelación de Dios a la humanidad. Según las Escrituras, los días que anteceden al regreso del Señor Jesús serán los de mayor manifestación de salvación de todos los tiempos. Lo que impide eso es la ignorancia de las personas con respecto a Quién es el Espíritu Santo y cuál es Su importancia en la vida del ser humano. La demora en conocerlo es lo que hace que tantas personas sufran innecesariamente.
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