Pedir información, ir a por el pan, tomarse un café en el bar o encontrarse con un compañero de trabajo por la calle y saludar con naturalidad. Son actividades cotidianas normales, pero para algunas personas, estas interacciones sociales se convierten en verdaderos desafíos casi imposibles de enfrentar.

La fobia social o trastorno de ansiedad social, como cualquier fobia, se centra en un miedo intenso, persistente y crónico que oprime el pecho y agarrota la expresión corporal por el pavor a ser juzgado negativamente, a no encajar con el resto. La persona puede llegar a tener estos síntomas días o semanas antes de un encuentro marcado.

Este trastorno reduce considerablemente las oportunidades de ocio, realización social y profesional, lo que puede traducirse en desánimo general e incluso depresión tras un largo periodo de tiempo de sufrimiento y frustración por no verse capaz de vencer estas barreras.

La persona se juzga como un “bicho raro”, lo que alimenta un círculo vicioso negativo de autorechazo proyectado en los demás. Está siempre preocupada en cómo los demás la ven, si resulta competente, valiosa o digna de ser amada. A veces tiene origen en una infancia de protección o de supremo autoritarismo, pero se suele manifestar más claramente en la adolescencia, donde la necesidad de socializarse apremia.

Otros síntomas de este trastorno mental son:
• Palpitaciones, sudoración excesiva y “mente en blanco”
• Nauseas y malestar estomacal
• Tartamudez
• Postura corporal rígida, poco contacto visual y tono de voz muy bajo
• Dificultad en hablar con personas, aunque desee hacerlo
• Ataques de pánico
• Alcoholismo para inhibir la ansiedad

Las conductas de seguridad a las que se suelen recurrir, son:
• Pedir que alguien haga algo por ellos
• Evitar mirar a los ojos
• No saludar, ignorar a los demás, no participar
• Tratar de imaginarse cómo los demás lo están viendo
• Dar la razón en todo, evitar discutir

Si tienes dificultades en este sentido, da un paso de coraje y busca la ayuda médica y espiritual adecuada, pues tiene solución si te pones en buenas manos. ¡No estás solo!