NO INTENTES ESCONDER DE DIOS QUIÉN ERES

Lo que mueve la mano de Dios hacia nuestra dirección es la sinceridad. Si el mayor pecador del mundo se aproxima a Dios con sinceridad, Él lo escucha y le responde. Por otro lado, la persona puede ser la más religiosa en la faz de la tierra, cumplidora en todos tus deberes en la Iglesia, pero si no eres sincero, no habrá respuesta. Cuando hablas con Dios, abre tu corazón y exponga todo lo que está escondido en su interior, sea lo que sea, incluso porque él sabe quién eres tú. La sinceridad es lo que prueba tu humildad.