El dolor emocional que proviene de la muerte de un ser querido es, sin duda, de los peores que podemos llegar a experimentar. Es como si tuviéramos que aprender a vivir con un miembro del cuerpo amputado, lo cual no es nada fácil.

El duelo es un proceso de adaptación que nos permite restablecer el equilibrio personal que se ha visto alterado por una pérdida, preparándonos para vivir sin la presencia física de esa persona. No tiene una duración específica, ya que cada persona necesita un tiempo distinto para adaptarse a su nueva situación. Suele durar de seis meses a un año, pero si se prolonga en el tiempo, se corre el riesgo de sufrir depresión o duelo patológico.

A continuación te mostramos algunos consejos que, según especialistas, nos ayudan a enfrentar mejor esta fase de dolor y adaptación:

• Se necesita tiempo para asumir la pérdida. Para algunas personas será más tiempo que para otras.
• Necesitamos expresar nuestros sentimientos con alguien de confianza.
• Es importante evitar el aislamiento y compartir momentos con alguien.
• Olvidar no facilita el seguir adelante, hay que recordar para asumir que la persona se ha ido y que debemos seguir adelante.
• Hay que asumir que se debe seguir viviendo. A pesar de nuestro dolor, hay personas a nuestro alrededor que nos necesitan. Esta puede ser una buena razón para coger fuerzas.
• Los horarios, rutinas, hábitos y costumbres son buenos aliados. Nos devuelven a la realidad del día a día. Se deben añadir actividades, pero poco a poco y sin saturarse.

En ocasiones el duelo se vuelve patológico si han pasado muchos meses y aún refiere un dolor intenso, si hay ideas suicidas, si hay reacciones exageradas, si no acaba de recuperar una rutina normal de vida y/o trabajo, o si tiene pensamientos recurrentes de culpa… En este caso se necesita la intervención de un profesional y, ¿por qué no? ¿Buscar ayuda espiritual?