La situación por la que el pueblo de Israel pasó cuando salió de Egipto donde era esclavo, para ir a una tierra prometida, que manaba leche y miel, me hace recordar que, hoy en día, muchas personas están atravesando desiertos semejantes. Además, esto es algo por lo que todo convertido tiene que pasar, a no ser que no quiera unirse verdaderamente al pueblo de Dios, prefiriendo la «carne de Faraón».

Los tres millones de israelitas que salieron del yugo de Faraón, experimentaron el poder de Dios, y constataron que Su presencia les estaba dirigiendo por el desierto. La Biblia dice: «El Señor iba delante de ellos, durante el día en una columna de nube, para guiarlos por el camino, durante la noche, en una columna de fuego, para alumbrarlos, a fin de que caminasen de día y de noche. Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche» (Éxodo 13:21-22).

Lo mismo acontece con todos nosotros. Hoy, la columna de nube y la columna de fuego también existen. Es la Palabra de Dios, que nos guía y alumbra nuestras vidas, para que podamos caminar de noche y de día. Es exactamente esta idea que Dios desea que tengamos, para que en los momentos difíciles y de luchas, podamos encontrar en Su Palabra, la respuesta para todas nuestras inquietudes, quitando de nuestros corazones las dudas.

El pueblo de Israel vino andando por el desierto, guiado por el propio Dios. Esto muestra lo que Él quiere hacer con Su pueblo, hoy, también. Guiarlo a la tierra prometida, que mana leche y miel.

La Biblia dice también que entre el campo de los egipcios y el campo de Israel, iba el ángel de Dios delante de ellos y, en un momento dado, él se retiró y pasó detrás del pueblo de Israel. También la columna de nube hizo lo mismo, justamente para proteger al pueblo de Israel, que venía en la retaguardia. Durante toda la noche los egipcios no pudieron aproximarse a los israelitas, porque había separación entre ellos. Una distinción entre el pueblo de Dios y el pueblo del Faraón.

Amigo mío, cuando elevamos nuestro pensamiento a Dios en oración, y determinamos en nuestros corazones con certeza Dios nos da la victoria, porque su presencia nunca se aparta de aquellos que oyen y practican Su Palabra.

A usted, que tiene un sueño en la vida, la Biblia dice: «He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir» (Éxodo 23:20-23).

Amigo lector: Esta palabra tiene que estar en tu corazón porque es promesa. Y tienes esos derechos. Todo depende de ti. Si persevera, automáticamente conquistará las bendiciones de Dios. Y así, entrarás en la tierra prometida.