Es común pasear por un parque y pisar alguna que otra rama que ha caído de los árboles. Estas ramas están secas y ya no pueden dar más fruto porque se han desprendido del árbol que les daba la savia, su alimento. Así somos las personas: Separados de Jesús, no tenemos vida, no podeos hacer nada, como Él mismo afirma: «Yo soy la vid, vosotros las ramas; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer». Sin embargo, para mucha gente esto es muy difícil de comprender. Insisten en hacer las cosas a su manera, «creen» a su manera, viven alejados de Dios y de Su Palabra, y por eso tienen fruto ni tienen vida. Este fue el tema abordado por el Obispo Paulo.

«Jesús es el único camino. Usted nunca será una persona feliz, plena y realizada si no permanece en Jesús y en Su Palabra. En cambio, si permanece en Su Palabra, y si Sus Palabras permanecen en usted, podrá conquistar todo. Puede parece utopía, pero el propio Jesús dijo esto: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho»(Juan 15:7)», enseñaba el Obispo Paulo en la reunión del pasado domingo.

«Hay que prestar atención a estas palabras, pues se trata de una condición, ‘Si permanecéis en mí…’. Mucha gente viene a la iglesia y acepta la Palabra de Dios, pero no permanece en ella porque al escuchar palabras negativas y de duda en su casa y entre sus amigos y compañeros de trabajo, acaban desistiendo. No es fácil, uno tiene que decidir diariamente enfocarse en la Palabra de Dios y rechazar las voces negativas», aseveraba.

Abraham, cuando fue llamado Dios, vivía en Harán, una tierra idólatra. Dios quería hacer una nación grande y santa a través de él, pero para cumplir Su propósito tenía que sacarlo de allí. Solo así Abraham podría enfocarse únicamente en escuchar la voz de Dios, pues en aquella tierra sería imposible no sucumbir ante las voces negativas y de duda. Abraham creyó en la promesa de Dios y decidió obedecer, así que dejó a sus parientes, su cultura, su tierra y sus posesiones. Sacrificó todo esto porque creyó, pues solo sacrifica quien creen de verdad.

Cuando Abraham recibió la promesa de Dios, tenía 75 años. Empezó su andadura sin saber a dónde iba, pero Dios le iría mostrando. A lo largo de su caminata con Dios, él permaneció a través de las adversidades y el tiempo, dado que su sueño solo se hizo conquistó finalmente, y además, se convirtió en el padre de una gran nación de la cual nosotros somos sus hijos. Pero no fue fácil. Tuvo que permanecer.

«Para Abraham no fue fácil y no lo va a ser para usted ni para ninguno de nosotros porque vivimos en un mundo negativo, donde el mal trabaja constantemente para que desistamos. La clave para vencer y dar fruto es permanecer en la fe, en la Palabra de Dios. Escucha solo la voz de Dios y decidir seguirla día tras día», enfatizaba el obispo.

Dios le llama a usted, así como llamó a Abraham, pero debe hacer lo mismo que él hizo: salir de Harán, es decir, abandonar la vida de pecado. Pero no solo eso, también debe permanecer fiel en las Palabras de Jesús, rechazando todas las voces de dudas que quieran hacerle desistir. No se trata de permanecer una semana, unos meses o unos años, se trata de permanecer hasta el final.

Hay un precio a pagar, que es el sacrificio de la propia vida, pero merece la pena. Pues así, unido a la Vid (Jesús), usted será feliz (Espíritu Santo) y tendrá mucho fruto (bendiciones).