Hay hombres que prefieren demostrar a toda costa que tienen razón y aferrarse a cualquier excusa para ello, antes que admitir un error y cambiar de pensamiento. Según el obispo del Centro de Ayuda Cristiano, «muchas personas asumen esta postura porque se apegan a los pensamientos del mal y no admiten pensar de forma diferente». ¿Y cuáles serían estos pensamientos del mal? En el mundo masculino, no son pocos.

Cuando un hombre no establece su base espiritual en Dios, en Su sabiduría infinita y en Sus preceptos, tiende a pensar por su propia cuenta. Cuando algo sale mal, intenta dar disculpas para justificar el fracaso, defiende su punto de vista y culpa las circunstancias.

Salomón fue un ejemplo de sabiduría, pero no siempre fue así. Dios le dio la sabiduría que él le había pedido, pero, para usarla de manera adecuada, dependía de su propia voluntad. Cuando las decisiones de Salomón era tomadas según la dirección del Espíritu Santo, el acierto era inevitable. Cuando el monarca dejaba que su lado humano prevaleciera, las decisiones era equivocadas, como la de unirse a mujeres que no compartían la misma fe y descuidar la administración del reino al punto de dividirse. Un hombre realmente sabio debe querer, no solo tener la sabiduría Divina, sino también usarla. Cuando este está abierto a una mente superior y no se aferra al orgullo de querer manejar su propia vida con la fuerza de su brazo, consigue superar todos sus problemas.

En la vida amorosa, el hombre que se fía de sí mismo puede caer en la trampa del machismo, lo cual no se debe confundir con masculinidad. En su obstinación de no querer escuchar a su mujer y de querer imponer su opinión de manera tiránica, lo único que consigue es alejarla de él. Un hombre sabio conforme a la voluntad de Dios da valor a su esposa y la respeta, y todo lo que construyen es fruto del trabajo de ambos.

En las finanzas no es diferente. Si el hombre deja que el dinero hable más alto, abre una brecha para la avaricia. También existe el riesgo de que malgaste su dinero y acabe endeudado, e incluso de sentirse infeliz por verse con muchas conquistas materiales vacías para agradar el ego. Un hombre guiado por Dios administra sus recursos y raramente pasa por escasez.

En su carrera profesional, un hombre de Dios no deja que su ego se infle ni piensa que es mejor que sus subordinados. Él no cuestiona a sus superiores por sentirse inferior a ellos, sino que usa argumentos claros para defender algo para sí mismo y para su equipo. El propio Señor Jesús tenía una autoridad incuestionable sobre Sus discípulos, sin embargo, era humilde y correcto con todos, pues ponían la voluntad del Padre por encima de la Suya.

El obispo también comentó, «un hombre de verdad no tienen dificultad en cambiar el pensamiento cuando ve que una nueva idea es mejor que aquella que antes defendía con uñas y dientes. La humildad es la madre de la inteligencia. Cuando algo sale mal, no porque Dios quiso, sino porque tú no quisiste a Dios». Encontramos un ejemplo en la Biblia: «Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios […]» (1 Corintios 3:18-19).

Defender al «macho alfa» a capa y espada, en la base del «yo mando aquí» y querer probar que siempre está en lo cierto pueden parecer estrategias atractivas para los que tienen una mente débil, pero aquellos que se someten a Dios están muy lejos de tener una mente débil y de caer en una trampa tan mezquina.