Esta es la historia de una mujer que anhelaba ser feliz junto a un hombre, casarse y envejecer juntos. Siempre esperaba por ese príncipe que llenara el vacío de su interior y la convirtiera en la mujer más dichosa de la tierra. Lo había intentado varias veces, e incluso llegó a tener cinco maridos, pero por alguna extraña razón nunca conseguía tener esa felicidad que esperaba sentir con un hombre.

«Esto fue lo que le pasó a la mujer samaritana de la Biblia. Ella había tenido cinco maridos, pero nunca encontró la felicidad. Es común ver personas ilusionadas por casarse, pesando que así sería felices, y verlas, unos meses o años después queriendo divorciarse porque no se sienten realmente completas. Todos quieren ser felices, encontrar la felicidad, sin embargo, ponen todas sus expectativas en cosas materiales y personas, cuando la verdadera felicidad solo se puede encontrar cuando uno tiene un encuentro con Dios, cuando recibe el Espíritu Santo», enseñaba el obispo Paulo Roberto.

Un día, como de costumbre, la mujer samaritana fue al pozo a coger agua para beber, Allí, en aquel lugar, tuvo un encuentro con el Señor Jesús, lo que le daría la clave de la felicidad verdadera y duradera.

En aquel pozo, Jesús dijo a la mujer:
«Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:13-14).

Cuando Jesús fue al pozo a encontrarse con aquella mujer, lo hizo porque sabía de su infelicidad. Allí le hizo entender que la sed que ella tenía, era la de tener la presencia de Dios, pues cualquier otro tipo de «agua» (matrimonio o conquistas materiales), no saciarían su sed de verdad.

Esta agua que sacia la sed y llena a uno de felicidad es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos completa y nos da la capacidad de tomar decisiones racionales, basadas en la Palabra de Dios, Sin en el Espíritu Santo, es nuestra Guía, corremos el riesgo de tomar decisiones en base a nuestros sentimientos, y los resultados pueden ser desastrosos.

La vida de aquella mujer nunca volvió a ser la misma, pues habiendo teniendo una encuentro con Dios, ya era una mujer feliz, preparada para hacer a otra persona feliz, pues la felicidad empieza en el interior, cuando invierte todas sus fuerzas en su vida espiritual.

Jesús fue a aquel pozo a pesar de que los judíos no tenían relación con los samaritanos, por prejuicios religiosos. Jesús sabía también, que la mujer había cometido muchos errores, esto nos hace ver que a Jesús no le importa la religión que hayas profesado, así como tampoco ve los pecados que puedas haber cometido. Él fue a buscar a aquella mujer para hacerla feliz, y también te busca a ti.

Ven este domingo al Santo Culto, a las 10hs en todos los Centros de Ayuda Cristiano del país. Jesús quiere darte esta agua de vida. ¡Ven al pozo!