Todos tienen objetivos por alcanzar y proyectos por realizar, pero son pocos los que logran cumplir sus anhelos. Algunas personas piensan que la falta de poder adquisitivo y de estudios son grandes limitaciones que les impide salir de la pobreza y, por eso, se creen incapaces de realizar algo en la vida.

Sin embargo, el dinero y los logros académicos no definen el éxito absoluto, ya que hay muchos que poseen millones en su cuenta bancaria, pero, aun así, no son felices. También hay otros tantos que se recibieron en las mejores universidades, pero están insatisfechos en su vida profesional.

Por lo tanto, entendemos que ser un vencedor es mucho más que poseer bienes y tener títulos, es necesario tener una vida bendecida en todos los sentidos de la palabra.

A continuación, vea cuáles son los pasos que debe seguir el que quiere ser un vencedor:

1) Esmerarse: Dios le da la sabiduría, la dirección, la intrepidez y le muestra las oportunidades a la persona que se dedica y está constantemente dispuesta a aprender. Es decir, el que se esmera y da lo mejor de sí mismo en lo que realiza, incluso en los mínimos detalles, será recompensado por el Señor.

2) Temer a Dios: Lamentablemente, hay personas que prefieren agradar a los demás que al Altísimo y, a causa de eso, están expuestas a todo tipo de mal. Solo puede estar protegido por Él el que Lo obedece, sin importar las circunstancias que enfrente.

3) Perseverar: Las dificultades están a merced de todos, por lo tanto, desistir nunca debe ser una opción si se quiere triunfar en la vida.

4) No amar al dinero: La persona avara no puede ser bendecida por Dios, porque su corazón no está apegado al Altar, sino a las riquezas, a los títulos y a los bienes materiales.

Seguramente, usted quiere ser feliz y hacer realidad sus sueños. No obstante, para que esto ocurra, tiene que saber que nada sucede por arte de magia y que, además de esforzarse, debe establecer una alianza con Dios.

El Pacto con Dios

Por más que algunos lo intenten por otras vías, la única manera de alcanzar la vida abundante es por medio de un Pacto con Dios. A través de esta alianza, el Señor le otorga al ser humano la dirección y la sabiduría para que proceda correctamente ante las dificultades que se le presentan.