La Palabra de Dios sólo se vuelve eficaz cuando es dicha por un hombre de Dios. Fuera de eso, ella no funciona, pues no tiene Espíritu, ni vida. Jesús dijo: «Mis palabras son Espíritu y vida». La Palabra de Dios es el resultado de todo aquello que Él es. Este Evangelio queremos compartirlo contigo.

Tal vez, te encuentras perdido ante tantas religiones y filosofías, sin saber cuál es el camino a seguir y, una vez más, las Escrituras revelan:

«Lámpara para mis pies es tu palabra, y luz para mis caminos» (Salmos 119:105).

Por la Palabra de Dios somos iluminados en la elección del camino cierto. Ella nos esclarece la verdad.

Y esta verdad dice que Jesús «es el camino, la verdad y la vida». No hay otro camino u otra verdad.

La Palabra de Dios es la receta, la directriz de cómo llegar a este camino, a Jesús.

Cuando la persona se entrega de cuerpo, alma y espíritu a Dios, Él, en la misma proporción, retribuye, haciendo grandes cosas en su vida.

«El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Dios: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré» (Salmos 91:1-2).

Realmente, hay refugio en el Señor, y sólo le halla quien le busca, quien está determinado a encontrarlo. A través de la Palabra de Dios y de su entrega total, alcanzará y llegará la victoria.