La Palabra de Dios libera y bendice a todos los que tienen un corazón humilde, por eso, cada domingo, el obispo Paulo Roberto insiste en la importancia de escuchar y practicar la Palabra de Dios para cosechar una vida próspera y bendecida en todos los aspectos.

Sin embargo, hay muchos que, aún conociendo la Palabra de Dios, insisten en hacer las cosas a su manera. Esta terquedad no nos lleva a ningún sitio, pues solo podemos cosechar los frutos provenientes de las semillas que plantamos. Si la semilla es buena, el fruto será naturalmente bueno, y viceversa. Esta es una ley fija en los cielos.

«Mucha gente busca facilidades y viene aquí los domingos esperando que sus vidas cambien por arte de magia, pero no es así. Para que haya una transformación de vida, uno tiene que dejar de hacer las cosas a su manera y seguir la Palabra de Dios. Si usted busca facilidad, su vida no va a cambiar, porque la vida con Dios no es una vida de facilidades, es una vida de sacrificio, de renuncia de la propia voluntad”, enseñaba el obispo.

Nuestra vida es el resultado de las semillas que hemos ido plantando a través de nuestras decisiones. De las buenas decisiones se obtienen buenos resultados, y de las malas se obtienen malos resultados.

La Biblia nos da un buen ejemplo de esto. Ezequías fue un rey fiel a Dios que se esforzaba por practicar la Palabra de Dios, y por eso Dios lo prosperó y lo bendijo grandemente, como podemos comprobar:

“Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables” (Ezequías 32:27).

No obstante, Ezequías tuvo un hijo, Manasés, que conocía la Palabra de Dios a la perfección por haber sido criado en un hogar creyente. Sin embargo, cuando heredó el reino tras la muerte de su padre, decidió hacer todo al revés de lo que había aprendido, rebelándose en contra de Dios.

“Manasés hizo lo malo ante los ojos del Señor conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había echado de delante de los hijos de Israel. Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto […] se excedió en hacer lo malo ante los ojos del Señor, hasta encender su ira”[…]

Pasó a sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinon; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinadores, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos del Señor, hasta encender su ira”. (2 Crónicas 33)

Dios habló con Manasés y a todo el pueblo “mas ellos no escucharon”. Dios habla con todos nosotros porque quiere evitarnos el sufrimiento, pero si nosotros sembramos desobediencia, cosecharemos problemas y dolor, y Dios, ante nuestras decisiones, no puede hacer nada. A consecuencia de esto, el rey de los asirios vino en contra de él y se lo llevaron atado a Babilonia. Manasés era rey, su padre había tenido mucho éxito, en cambio, él fue humillado y derrotado por sus enemigos.

Finalmente, cuando Manasés tocó fondo entendió que había recogido los frutos de su terquedad y desobediencia y se humilló. Pidió perdón y misericordia a Dios y se arrepintió con sinceridad.

“Mas luego que fue puesto en angustias, oró al Señor Su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a Él, fue atendido: pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que el Señor era Dios” (2 Crónicas 33:12-13)

Dios es misericordioso. Pudiste haber cometido los peores errores, pero si te arrepientes y asumes un compromiso con Dios, Él te perdonará y restaurará tu vida por completo. Manasés, entonces, empezó a sembrar buenas semillas de obediencia, y con seguridad, a su tiempo cosechó los frutos:

Manasés “quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa del Señor, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa del Señor y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. Reparó luego el altar del Señor, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen al Señor Dios de Israel” (2 Crónicas 33:15)

¿Y tú? ¿Qué semillas quieres plantar a partir de ahora?