Domingo de Pentecostés: No es por el esfuerzo, es por la entrega

Tras 50 días de preparación que comenzaron el pasado Viernes Santo, llegamos al día más esperado por miles de personas en toda España: el Domingo de Pentecostés. Un día en que muchos tuvieron un encuentro con Dios, recibieron el Espíritu Santo y, quienes ya lo tenían, fueron avivados.

En la sede nacional de la iglesia se podía percibir un ambiente diferente: santo, reverente y lleno de expectativa. Se había recomendado acudir a la Casa de Dios en espíritu de oración, con el propósito de vivir una experiencia única, y todos, unánimes, atendieron a esa orientación.

¿Por qué necesitamos el Espíritu Santo?

El Santo Culto comenzó con una explicación del obispo Joaquim dirigida especialmente a quienes visitaban la iglesia por primera vez. Él habló sobre la necesidad de recibir el Espíritu Santo y recordó que todos tenemos algo profundamente valioso para Dios: nuestra alma.

Sin embargo, Dios no es el único que la desea; el mal también busca conquistarla. Por eso existe una lucha espiritual que solo puede vencerse cuando una persona decide entregarse verdaderamente a Dios.

El obispo añadió que el Espíritu Santo es quien nos da las condiciones y la fuerza espiritual necesarias para enfrentar y vencer las luchas y desafíos inherentes a la vida humana y, especialmente, a la vida cristiana.

Pero destacó una razón aún más importante: el Espíritu Santo es quien nos da la garantía de la salvación.

“Tu alma tiene un valor muy grande que el Señor Jesús ya pagó en la cruz. Él no solo quiere darte condiciones para vencer las dificultades, sino salvar tu alma”, enseñó.

La necesidad del arrepentimiento

Antes de iniciar la búsqueda espiritual y de recibir la oración directamente desde el Cenáculo de Jerusalén, el obispo Joaquim habló sobre la importancia del arrepentimiento, ya que, sin él, es imposible recibir el Espíritu Santo.

“El arrepentimiento es el primer paso para recibir el Espíritu Santo. Si tú estás aquí hoy y sientes la necesidad de confesar algo, aprovecha esta oportunidad. Rasga tu corazón, sé sincero con Dios”, predicó.

Tras esta invitación, muchas personas se acercaron al Altar con un corazón contrito para confesar sus errores y recibir el perdón de Dios.

Directo desde Jerusalén: “No es por el esfuerzo, es por la entrega”

Llegó entonces el momento más esperado: la búsqueda del Espíritu Santo en conexión directa con Jerusalén, concretamente desde el Cenáculo, el lugar donde los discípulos de Jesús estaban reunidos cuando el Espíritu Santo fue derramado por primera vez en la historia.

El obispo Renato Cardoso ministró el derramamiento del Espíritu Santo después de leer el siguiente pasaje bíblico:

“Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.”
Juan 14:13-18

Después de la lectura, el obispo explicó que nadie puede merecer el Espíritu Santo por sus propios méritos, pero que Dios lo concede a quienes se entregan sinceramente.

“Nosotros le pedimos a Jesús, en Su nombre, y Él le ruega al Padre. Él ya ha rogado; solo necesitas entregarte y recibirlo”, afirmó desde Jerusalén.

Las oraciones de entrega y las alabanzas continuaron en una iglesia completamente llena de almas rendidas a Dios. El Santo Culto concluyó con decenas de testimonios y con una certeza inamovible: hubo un gran avivamiento espiritual en toda España.

Comparte:

Facebook
Twitter
WhatsApp
Telegram

Deja tu comentario